“El Hijo que se somete por amor: humildad divina y obediencia sin escándalo”

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August 11, 2025

Deuteronomio 10, 12-22 Salmo 147, 12-13.1 4-15. 19-20 Mateo 17, 22-27

Memoria de la Santa Clara, virgen

Glorifica al Señor, Jerusalén

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Mientras Jesús y sus discípulos recorrían Galilea, Él les anuncia por segunda vez su Pasión: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán, pero al tercer día resucitará». Esta afirmación provoca en los discípulos una profunda tristeza, pues aún no comprenden plenamente el misterio pascual. La tristeza de los apóstoles revela su apego humano a Jesús, pero también su dificultad para asimilar que el Mesías debía padecer. Aquí, la Iglesia nos enseña que el camino de la redención pasa necesariamente por la cruz, y que todo discípulo ha de configurar su vida con Cristo crucificado.

Santo Tomás de Aquino, en su Catena Aurea, comenta que Jesús repite el anuncio de su Pasión para preparar espiritualmente a los apóstoles. Al repetirlo, fortalece su fe y los instruye poco a poco en el misterio del sufrimiento redentor. Además, señala que Cristo se entrega voluntariamente: no es víctima de los hombres, sino que se ofrece por amor al Padre y a la humanidad.

En la segunda parte del pasaje, se narra un hecho aparentemente cotidiano: los recaudadores del impuesto del templo preguntan a Pedro si su maestro paga el tributo. Pedro responde que sí, aunque sin haberlo consultado con Jesús. Luego, el Señor lo interpela, enseñándole con suavidad y profundidad: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quién cobran los reyes de la tierra los tributos o el impuesto? ¿De sus hijos o de los extraños?”. Pedro responde que de los extraños. Entonces Jesús le dice: “Por tanto, los hijos están exentos”. Con esto, Jesús manifiesta que Él, como Hijo de Dios, está por encima del tributo del templo, pues el templo es la casa del Padre y Él es el Hijo legítimo. Por extensión, los que están unidos a Cristo por la gracia también participan de esa filiación.

No obstante, Jesús no se niega a pagar el impuesto, y lo hace para no escandalizar. Ordena a Pedro que eche el anzuelo al mar y saque una moneda de la boca del primer pez que pesque. Con este gesto milagroso, el Señor manifiesta su soberanía sobre la creación, y al mismo tiempo su humildad: siendo el Dueño de todo, se somete por amor y para edificación de los demás.

Santo Tomás interpreta que este episodio enseña a los cristianos a no escandalizar innecesariamente, aun cuando estén en su derecho. En su Comentario al Evangelio de Mateo, el Aquinate resalta que Cristo, siendo libre, se somete para dar ejemplo de humildad y obediencia. También enseña que los bienes temporales están bajo la Providencia divina, pues incluso una moneda en el vientre de un pez sirve a los designios del Señor.

Este pasaje nos invita a meditar en la obediencia, la prudencia y el testimonio. Aunque los cristianos son hijos de Dios y ciudadanos del Reino, deben actuar con responsabilidad en el mundo, cumplir con sus deberes civiles y evitar el escándalo, sin perder de vista que su verdadera pertenencia es al Reino eterno.

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