Cristo y los Pequeños: Una Llamada a la Humildad

Anuncios

August 12, 2025

Deuteronomio 31, 1-8 Deuteronomio 32, 3-4ab. 7. 8. 9 y 12 Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Martes de la XIX semana del Tiempo ordinario

Bendice, Señor, a tu pueblo

#agosto #lecturadeldia #ordinario

En Mateo 18, el Señor Jesús responde a la pregunta de los discípulos: “¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?”. Este pasaje abre una enseñanza fundamental sobre la humildad, la dignidad de los pequeños, y la misericordia divina. Cristo, en lugar de exaltar a los grandes o poderosos, llama a un niño y lo pone en medio de ellos, diciendo: “Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”.

La doctrina católica, en fidelidad a esta enseñanza, reconoce que la humildad es la base de la vida cristiana. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el Reino pertenece a los pobres y a los humildes (cf. CIC 544), y que la conversión del corazón pasa por reconocer nuestra pequeñez y dependencia de Dios.

Santo Tomás de Aquino, en su Catena Aurea, comenta este pasaje recogiendo la interpretación de los Padres. Destaca, por ejemplo, la enseñanza de San Hilario, quien ve en este gesto de Cristo una llamada a la sencillez y la sinceridad del corazón, cualidades propias del niño. Tomás subraya que hacerse como niños implica renunciar a la soberbia y a la ambición, vicios que amenazan la vida comunitaria y espiritual del discípulo.

Cristo no solamente llama a imitar la humildad del niño, sino que identifica su propia presencia con los pequeños: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, a mí me acoge”. Esta frase revela la profunda dignidad de los más humildes, y la conexión entre la caridad hacia los otros y la comunión con Cristo. En términos teológicos, esto refleja el misterio del Cuerpo Místico de Cristo, donde cada persona, especialmente la más débil, es portadora de la presencia divina.

El versículo 10 profundiza esta visión: “Cuidaos de despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos ven constantemente el rostro de mi Padre”. Aquí la Iglesia encuentra fundamento en la doctrina de los ángeles custodios y en la dignidad trascendente de cada ser humano, creado a imagen de Dios y acompañado por su Providencia. Santo Tomás, en su Suma Teológica (I, q. 113), enseña que cada persona tiene un ángel que la custodia, y que los ángeles son testigos del valor que cada alma tiene ante Dios.

Finalmente, las parábolas del pastor que deja las noventa y nueve ovejas por una sola extraviada (vv.12-14) expresan el corazón misericordioso del Padre. El Dios cristiano no se complace en la perdición de ninguno de sus hijos, sino que se goza más por uno que vuelve que por los que no se perdieron. Tomás interpreta esta parábola como una imagen del amor incondicional y diligente de Cristo, el Buen Pastor, que no descansa hasta traer de vuelta al alma perdida.

Este pasaje, por tanto, nos exhorta a vivir con humildad, a acoger a los más pequeños, y a tener confianza en el amor inagotable de Dios. Nos recuerda que la grandeza en el Reino de los Cielos no está en el poder o el saber, sino en la humildad que se hace dócil al Espíritu Santo, como un niño en brazos de su madre.

abril Adviento Agosto Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Deja un comentarioCancelar respuesta