Bar-Abbas: dos “Hijos del Padre”, una elección y una cruz

Barrabás: el hombre que fue liberado mientras Jesús iba a la cruz

Entre todos los personajes que aparecen en la historia de la Pasión de Cristo, hay uno que resulta particularmente enigmático: Barrabás, el prisionero que fue liberado por Poncio Pilato mientras Jesús era condenado a muerte.

Los Evangelios hablan muy poco de él. Sabemos quién era, sabemos por qué estaba preso y sabemos que fue puesto en libertad. Después, el personaje desaparece completamente de las Escrituras. Sin embargo, precisamente ese silencio ha hecho que Barrabás se convierta en una de las figuras más sugerentes de la Pasión.

Barrabás aparece en los cuatro Evangelios. San Marcos y san Lucas indican que había participado en una rebelión y que había cometido homicidio. Por tanto, no se trataba simplemente de un delincuente común. Probablemente estaba relacionado con algún levantamiento contra la autoridad romana.

Cuando llegó el momento de la condena de Jesús, Poncio Pilato se encontró ante una situación complicada. Los dirigentes religiosos habían llevado a Jesús ante él y querían que fuera condenado a muerte. Pilato, según los relatos evangélicos, no encontraba en Jesús un delito que justificara la pena capital.

En ese contexto aparece Barrabás.

Durante la fiesta de Pascua existía la costumbre de liberar a un prisionero. Pilato presentó entonces a la multitud una elección: Jesús o Barrabás.

La escena resulta estremecedora. Por un lado estaba Jesús, que había predicado el Reino de Dios, había curado enfermos y había anunciado el perdón y la misericordia. Por otro estaba Barrabás, un hombre encarcelado por rebelión y homicidio.

Y la multitud pidió la libertad de Barrabás.

Jesús sería condenado.

Barrabás quedaría libre.

El contraste que cambió la historia

Desde la perspectiva cristiana, este episodio contiene una de las imágenes más poderosas de la redención.

El culpable sale libre y el inocente ocupa su lugar.

Barrabás no tuvo que hacer nada para conseguir su libertad. No pagó una multa, no presentó una defensa y no realizó una obra que mereciera el perdón. Simplemente fue liberado mientras otro hombre era conducido hacia la muerte.

El Evangelio no afirma que Barrabás comprendiera lo que estaba ocurriendo. Tampoco sabemos qué pensó cuando salió de aquella prisión.

Pero la imagen resulta profundamente simbólica.

Barrabás puede representar al hombre pecador que recibe una libertad que no puede conquistar por sus propias fuerzas. Jesús, el inocente, carga con aquello que correspondía al culpable.

San Pablo expresará posteriormente esta misma lógica cuando escriba que Cristo murió por los pecadores y que Dios manifestó su amor precisamente en que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Un detalle fascinante sobre su nombre

El nombre Barrabás también ha despertado mucho interés.

En arameo, Bar-Abba significa aproximadamente «hijo del padre».

Además, algunos manuscritos antiguos del Evangelio de Mateo presentan una lectura en la que Barrabás aparece llamado Jesús Barrabás. Esta lectura no está presente en todos los manuscritos y debe tratarse con cautela, pero ha llamado la atención de los estudiosos durante siglos.

Si esa lectura refleja una forma antigua del texto, el contraste sería todavía más impresionante: Pilato estaría presentando ante la multitud a Jesús Barrabás y a Jesús llamado Cristo.

Uno sería liberado.

El otro sería condenado.

No obstante, este detalle textual no debe utilizarse como si fuera un hecho histórico absolutamente establecido. Lo seguro es que Barrabás era conocido como el prisionero que fue liberado en lugar de Jesús.

¿Qué pasó con Barrabás después?

Aquí comienza uno de los grandes misterios.

Los Evangelios no dicen qué ocurrió con él.

Después de su liberación, Barrabás desaparece de la historia bíblica.

No sabemos si volvió a participar en actividades revolucionarias. No sabemos si huyó de Jerusalén. No sabemos si murió poco después. Tampoco sabemos si alguna vez conoció la verdadera identidad de aquel hombre cuya vida había ocupado su lugar.

A lo largo de los siglos surgieron diversas tradiciones y relatos imaginativos sobre Barrabás. Algunas representaciones literarias lo presentan como un hombre atormentado por el recuerdo de Jesús; otras imaginan que terminó comprendiendo quién era Cristo e incluso que se convirtió.

Pero no existe evidencia histórica fiable que permita afirmar que Barrabás se convirtió al cristianismo.

La Iglesia tampoco posee una tradición apostólica sólida sobre su destino posterior.

Y quizá ese silencio sea precisamente lo más interesante.

¿Y si Barrabás hubiera visto a Jesús camino del Calvario?

Podemos imaginar —aunque no afirmarlo como hecho histórico— lo que pudo haber ocurrido.

Barrabás sale de la prisión.

Jesús es llevado hacia la crucifixión.

La ciudad está llena de gente debido a la Pascua. El condenado carga con la cruz. Los soldados romanos lo escoltan. La multitud observa.

¿Pudo Barrabás haber estado allí?

No lo sabemos.

Pero la posibilidad permite comprender la extraordinaria paradoja de aquella jornada.

Barrabás estaba vivo porque Jesús iba a morir.

El hombre que merecía estar preso caminaba libre.

El hombre que había sido declarado inocente caminaba hacia el Calvario.

Y probablemente Barrabás nunca llegó a comprender plenamente el significado de aquello.

Barrabás y nosotros

Para la tradición cristiana, Barrabás terminó convirtiéndose en mucho más que un personaje histórico.

Es una imagen del pecador.

Cada cristiano puede contemplar aquella escena y reconocer algo de sí mismo en el prisionero liberado.

Barrabás no podía salvarse a sí mismo. Otro ocupó su lugar.

Y esa es precisamente la esencia del mensaje cristiano sobre la cruz: Cristo entrega su vida por aquellos que no pueden salvarse por sí mismos.

Por eso la historia de Barrabás no termina realmente cuando Pilato lo deja salir de la prisión.

En cierto sentido, ahí comienza la pregunta más importante.

¿Qué hizo Barrabás con la libertad que recibió?

Los Evangelios no nos dan la respuesta.

Quizá nunca la sepamos.

Pero la pregunta puede trasladarse directamente al lector: si Cristo ha dado su vida para liberarnos, ¿qué estamos haciendo nosotros con la libertad que hemos recibido?

Barrabás salió de aquella prisión y desapareció de la historia.

Jesús salió de aquella sentencia hacia el Calvario, murió en la cruz y, según la fe cristiana, resucitó al tercer día.

Por eso, dos mil años después, prácticamente nadie recuerda lo que Barrabás hizo con el resto de su vida.

Pero el mundo entero recuerda aquel hombre que murió en su lugar.

Deja un comentario