SE ACABÓ EL ÚLTIMO FRENO: ¿ESTAMOS ANTE UNA NUEVA CARRERA NUCLEAR?

El fin del New START aumenta la incertidumbre. Y los científicos podrían tener una clave para evitar que el mundo vuelva a los ensayos nucleares. puede ayudar a evitar una nueva carrera nuclear


El fin del tratado New START deja al mundo ante un escenario de mayor incertidumbre

En febrero de 2026 terminó el New START, el último gran acuerdo que limitaba los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia. Durante años, este tratado estableció límites sobre las armas nucleares estratégicas de ambas potencias y ofreció un mecanismo de cierta estabilidad en una relación marcada por la desconfianza.

Su desaparición abre una pregunta preocupante: ¿qué puede ocurrir ahora con las armas nucleares?

El problema es especialmente serio porque el escenario internacional ha cambiado. Estados Unidos y Rusia siguen siendo las dos grandes potencias nucleares, pero China está desarrollando rápidamente su propio arsenal. A ellas se suman otras potencias con armas nucleares, como Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

Esto significa que ya no se trata únicamente de mantener un equilibrio entre Washington y Moscú. El mundo nuclear es cada vez más complejo.

El peligro de una nueva carrera

Mientras existan acuerdos, límites y mecanismos de verificación, los países tienen mayores incentivos para mantener cierta estabilidad. Cuando esos mecanismos desaparecen, aumenta el riesgo de que cada potencia considere necesario incrementar sus propias capacidades.

El artículo señala que Estados Unidos calcula que China podría pasar de unas 600 ojivas nucleares a alrededor de 1.500 para 2035.

Si Rusia y China aumentan sus arsenales, Estados Unidos podría sentirse obligado a responder. Y una reacción de este tipo puede provocar otra respuesta, creando una carrera armamentística difícil de detener.

El problema no consiste solamente en cuántas armas existen. También importa la velocidad con la que pueden desarrollarse nuevas tecnologías, mejorar los sistemas de lanzamiento y aumentar la capacidad destructiva de los arsenales.

También está en juego la prohibición de los ensayos

Existe otro elemento fundamental: la moratoria internacional sobre los ensayos nucleares.

Durante décadas, las principales potencias han evitado realizar explosiones nucleares, aunque existen diferencias importantes sobre qué tipo de experimentos pueden considerarse compatibles con esa moratoria.

Estados Unidos ha expresado preocupación por determinadas actividades de Rusia y China. Moscú y Pekín, por su parte, tienen sus propias interpretaciones sobre lo que está permitido.

Si esta desconfianza continúa aumentando, existe el riesgo de que la moratoria termine debilitándose.

Y si los ensayos nucleares vuelven a convertirse en una práctica habitual, podría comenzar una nueva etapa de competencia tecnológica y militar.

Una solución que ya funcionó

Aquí aparece una idea particularmente interesante: los científicos pueden desempeñar un papel importante en la construcción de confianza.

No sería algo completamente nuevo.

En 1988, durante la Guerra Fría, científicos estadounidenses y soviéticos colaboraron en un experimento destinado a verificar los efectos de un ensayo nuclear subterráneo. Aquella cooperación permitió comprobar científicamente determinados aspectos relacionados con la prohibición de los ensayos.

Lo importante de aquella experiencia no fue solamente el resultado científico.

Fue demostrar que científicos de países enfrentados podían sentarse en una misma mesa, compartir conocimientos y establecer mecanismos de verificación.

La ciencia consiguió crear un pequeño espacio de confianza en medio de una enorme confrontación política.

La ciencia como puente

Hoy podría ser necesario recuperar aquella experiencia.

Científicos estadounidenses, rusos y chinos podrían colaborar para establecer métodos objetivos que permitan determinar qué actividades son compatibles con una moratoria de ensayos y cuáles podrían representar una violación.

La ciencia no puede resolver por sí sola los conflictos políticos. Tampoco puede eliminar las ambiciones militares de las grandes potencias.

Pero puede proporcionar algo fundamental: datos verificables.

Cuando los gobiernos desconfían unos de otros, las mediciones, los instrumentos científicos y los procedimientos de verificación pueden ayudar a reducir las sospechas.

El futuro todavía está abierto

El final del New START no significa necesariamente que el mundo esté condenado a una nueva carrera nuclear.

Pero sí significa que los mecanismos que durante décadas ayudaron a limitarla necesitan ser reconstruidos.

La diplomacia tendrá que encontrar nuevas fórmulas. Los gobiernos tendrán que recuperar canales de comunicación. Y los científicos pueden contribuir ofreciendo métodos independientes y verificables para controlar los compromisos.

La historia demuestra que incluso en los momentos de mayor tensión es posible encontrar espacios de cooperación.

En una época marcada por la desconfianza, quizá una de las herramientas más poderosas para reducir el peligro nuclear no sea una nueva arma, sino algo mucho más sencillo:

la capacidad de los seres humanos para ponerse de acuerdo sobre lo que puede medirse, comprobarse y verificarse.

Porque cuando la confianza política desaparece, la ciencia puede ayudar a reconstruirla.

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