No están las pupilas, pero está Dios: Milagro con el Padre Pío

El milagro de los ojos de una niña ante el Padre Pío

E milagro más conmovedor y extraordinario conseguido por el Padre Pío, el gran santo de Pietralcina, es el de los ojos, cuyas pupilas no existe, pero la niña ve.

La historia de Gemma Di Giorgi es la protagonista de este relato relacionado con el Padre Pío. Es la historia de una niña que, según los testimonios transmitidos sobre su caso, nació con una grave enfermedad en los ojos que le impedía ver.

Gemma nació en Sicilia en 1939. Nació con una anomalía anatómica ocular que, según los médicos que la examinaron, hacía imposible que pudiera ver. Su problema era que no había pupilas en sus ojoslas, una condición que impedía recibir adecuadamente la luz necesaria para la visión.

En 1947, cuando Gemma tenía siete años, su abuela la llevó hasta San Giovanni Rotondo, donde vivía el Padre Pío. La familia esperaba que el santo sacerdote pudiera ayudarla.

La abuela había pedido a Gemma algo muy sencillo: cuando estuviera delante del Padre Pío para la confesión, ella debía pedirle que le concediera la gracia de recuperar la vista.

Pero ocurrió algo inesperado.

Cuando Gemma estuvo con el Padre Pío y llegó el momento de confesarse, la niña olvidó completamente pedirle que la curara de sus ojos.

Después de la confesión, su abuela se dio cuenta de lo sucedido y quedó preocupada. Había viajado con la niña precisamente con aquella intención y ahora Gemma no había dicho nada.

La abuela buscó entonces al Padre Pío y le explicó que Gemma había olvidado pedirle la gracia que tanto deseaban.

Padre Pío muy amable respondió con tranquilidad, que no era necesario hacer llorar a la niña, pues ella ve.

Poco después tuvo lugar un momento que la familia jamás olvidaría.

Durante la celebración de la Primera Comunión, el Padre Pío realizó una bendición sobre los ojos de la niña, haciendo la señal de la cruz. Después de aquel encuentro, Gemma comenzó a ver.

Lo que hizo todavía más extraordinario el relato fue que, según los testimonios posteriores, los ojos de Gemma continuaban presentando aquella particularidad anatómica, a pesar de que la niña podía ver.

Gemma pudo posteriormente leer, escribir y llevar una vida en la que utilizaba normalmente su sentido de la vista.


Y pesar que niña de siete años olvidó completamentte pedir la curación, sin embargo recibió la gracia de parte de Dios, tal y como lo decía el padre Pío: Dios lo hizo y lo hace en la actualidad.

Ella era solamente una niña de siete años y ya había recibido una gracia maravillosa.

La historia quedó así unida a una sencilla enseñanza espiritual: a veces llegamos ante Dios sin saber siquiera cómo expresar aquello que necesitamos. Y, para quien tiene fe, la oración no depende únicamente de la perfección de nuestras palabras, sino también de la confianza con la que nos ponemos en sus manos.

Deja un comentario