Todos los días pasaba por la puerta de calle, pero nunca imaginé no regresar…maíz.

Esos horizontes que se engalanan en montañas… valles gigantes de amor recargado…
Asistí a mil despedidas y nunca pensé en despedirme… agua.

Caminos extensos llevando al mismo sitio. Cada ladrón en su propio barrio.
Es tan extraño el olvido y tan simple el llorar… tierra.

Sí, ¿quien podría soñar no volver? quien con un poco de sal y plomo podría olvidar el corazón del maíz…
Mil fiestas de sacramentos extraños, y nunca un homenaje sincero… fuego

Igneos nativos con chamizas ardientes, van por los cerros como pidiendo más leña.
Cada habitación es un campo… cada paso un paseo… viento.

Silbidos agudos de árboles cantantes… pureza de pequeños riachuelos…
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