Mes de María
NUEVO MES DE MARÍA
Ó SEA EL MES DE MAYO
CONSAGRADO A LA GLORIA Y ALABANZAS
de la

MADRE DE DIOS
Día 30 de Abril
Se rezará la tercera parte del Santo Rosario sin letanía, y luego se dirá la siguiente
ORACION
Acordaos, ó misericordiosísima Virgen María, que jamás se ha oido decir, que ninguno de los que han acudido á vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de vos. Animado con esta confianza, á vos también acudo, oh Virgen madre de las Vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo á aparecer ante vuestra presencia soberana. No desecheis, oh Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien inclinad á ellas vuestros oidos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.
EN SEGUIDA SE REZARA LA SIGUIENTE ORACION QUE SIRVE
DE PREPARACION PARA LA MEDITACION
DE TODOS LOS DIAS.
Yo creo, oh Dios mió, que estáis aquí presente, que me miráis, que me escucháis, que penetráis hasta el fondo de mi alma, y que descubrís todo lo que hay de mas secreto en mis pensamientos y afectos. ¡Ay de mí, infeliz pecador! ¿será posible que yo pueda sostener las miradas de un Dios de infinita santidad? ¡Ah! cuando yo pienso en las innumerables infidelidades, y en los enormes pecados que he cometido contra mi Criador, se apoderan de mi el temor y espanto, y apenas me atrevo á levantar los ojos al cielo…
A vos, pues, acudo, oh divina María, vos que sois el refugio de pecadores, el consuelo de afligidos, y la madre de misericordia, sed también mi refugio, mi esperanza y mi madre. Bien sabéis, oh piadosísima María, que sin el socorro de la divina gracia, no soy capaz de bien alguno, y ni aun puedo formar un buen pensamiento; dignaos pues, alcanzarmela de vuestro adorable hijo. Enseñadme también á orar, apartad de mí todas las distracciones, é inspirádmela atención, el recogimiento, y el fervor necesario para hacer con fruto esta meditación.
MEDITACION PARA LA VIGILIA DEL DIA PRIMERO DE MAYO
De los motivos que deben animarnos á celebrar este
mes con fervor.
- La incomparable dignidad de María.
- El ejemplo de todos los santos que han sido
devotos de María. - Las ventajas de la devocion á María.
PUNTO I. Considera, cristiano, que la admirable Virgen María posee en grado eminente todas las cualidades más apropiadas para inspirarnos la más profunda veneración. Ella es la más santa de todas las criaturas, la obra maestra de las manos de Dios, la reina del cielo y la tierra, la protectora y madre de los cristianos, la dispensadora de todas las gracias, y superando la comprensión humana, es la madre de Dios, y nuestro adorable Jesús nació de ella. Estas prerrogativas inefables la hacen mucho más superior a los ángeles y a todos los santos, y le otorgan un derecho indiscutible a nuestros corazones. Siempre profesemos un sincero respeto, amor filial y completa confianza en esta madre divina. «Amemos a la madre de Dios», exclamó San Bernardo; «amémosla con todo el derramamiento de nuestros corazones y con toda la ternura de nuestros afectos, y rindámosle el homenaje debido a su divina maternidad». ¡Ah! Dediquemos todo este mes a su gloria, y no dejemos pasar un solo día sin acudir al pie de sus altares para celebrar sus alabanzas y ofrecerle el tributo de nuestra gratitud y amor.
PUNTO II. A lo largo de los siglos, la devoción a la Madre de Dios ha deleitado a los más grandes santos. En las vidas de todos ellos, leemos que la han amado tiernamente y siempre la han invocado con respetuosa confianza. Es imposible expresar lo que les ha inspirado a celo por el honor de esta santa Virgen, y no se puede explicar completamente todo lo que han hecho, dicho y escrito para celebrar su gloria, para extender su culto por todo el mundo, para establecer prácticas de piedad, órdenes religiosas y sociedades santas en su honor: en resumen, para aumentar el número de sus fieles siervos y ganar todos los corazones. ¡Oh! Que el ejemplo de tantos bienaventurados, que han sido santificados mediante la devoción a María y con la ayuda de su protección, también nos incite a encender cada vez más en nuestros corazones los sentimientos de respeto, confianza y amor que le debemos a una madre tan buena. Propongámonos, por lo tanto, servirla de manera efectiva de la mejor manera posible durante este mes, y rindámosle fervientemente nuestro homenaje todos los días.
PUNTO III.
La devoción a la «Virgen Santísima» es, según los Santos Padres, una fuente abundante de gracias, un auspicio de santidad y una señal segura de predestinación. La Madre de Dios no deja de interceder por aquellos que la invocan, obteniéndoles las gracias necesarias. «El cielo y la tierra pasarán antes de que María deje de favorecer a quien la invoca sinceramente», afirma el devoto Luis de Blois. San Anselmo asegura que un verdadero servidor de María no puede perecer eternamente. Propongámonos cumplir fielmente las prácticas propuestas este mes, confiando en recibir grandes favores de esta soberana Señora llena de bondad. Recordemos que el verdadero medio para ganar su poderosa protección es seguir sus pasos y emular sus ejemplos. Dediquémonos, por tanto, a vivir este mes santamente, de manera que nuestra vida sea una fiel imitación de la de esta admirable madre, para que un día podamos acompañarla en la eternidad. Amén.
ORACION Para todos los dias al terminar la meditación
¡Bendito y alabado seas, oh Dios mío, por las gracias que me has concedido en esta oración, por las ideas y buenos pensamientos que me has comunicado, por las impresiones sagradas con las que has conmovido mi corazón, y por las saludables resoluciones que has inspirado en mí! ¡Perdóname, oh Dios de bondad, por las distracciones, la negligencia y la resistencia a tu gracia de las que puedo haber sido culpable!
A vos también acudo, oh Virgen Santa, y con una entera confianza me arrojo á vuestros brazos para hallar en vuestro corazon un asilo seguro contra todos los peligros á que podré verme espuesto; tomadme bajo vuestra protección oh tierna madre mia, cuidad de mi defensa, acordadme á menudo mis resoluciones, y alcanzadme la gracia de practicarlas fielmente. Amén.
Luego se cantará la letanía, y acto continuo seguirá la plática y si no se leerá el ejemplo que corresponde al día.
EJEMPLO.
UNA PENITENTE EN EL DESIERTO.
No podemos empezar este mes de bendición con un ejemplo más reconfortante que el que nos ofrece Santa María Egipciaca. Desde los primeros siglos del cristianismo, nos muestra la confianza que la Iglesia siempre ha tenido en la Madre de Dios y la bondad con la que María ha mirado a los desafortunados pecadores. Así es como esta famosa penitente compartió con un santo religioso llamado Zozimo la historia de su conversión.
Nací en Egipto y cuando tenía doce años, pensé en alejarme de mis padres. Contra su voluntad, me fui a la ciudad de Alejandría, donde pasé diecisiete años dedicada a todo tipo de crímenes. Un día de verano, vi a una multitud de personas dirigiéndose a Jerusalén para celebrar la exaltación de la Santa Cruz. Me uní a ellos y me entregué a los excesos más criminales en el camino. El día de la festividad, fui a la iglesia con los demás, donde la Cruz del Salvador estaba expuesta para la veneración de los fieles. Pero no pude entrar porque en cuanto puse un pie en el umbral, parecía que una fuerza invisible me empujaba hacia atrás. Después de intentarlo tres o cuatro veces, ya no dudaba de que mi vida desordenada me impedía entrar en el templo del Señor. Esta idea me conmovió tanto que derramé abundantes lágrimas. Mientras suspiraba profundamente y golpeaba mi pecho, noté una imagen de la Madre de Dios sobre mí. Entonces, me dirigí a ella y le rogué fervientemente su compasión como pecadora miserable, y le pedí que presentara mis clamores y arrepentimiento a Dios. También pedí la gracia de entrar en la iglesia para adorar la madera sagrada, que una vez fue el instrumento de nuestra salvación. Finalmente, prometí dedicarme al Señor con una vida penitente, poniéndome bajo su protección para cumplir mejor mi promesa.
Habiendo concluido mi oracion, sentí en mí un gran consuelo. Me dirigí a la iglesia, entré sin dificultad y llegué hasta el coro. Ahí adoré una cruz preciosa que ha dado la vida a los hombres. Me conmoví mucho por la misericordia de Dios y me arrepentí de mis pecados. Salí de la iglesia y fui ante la imagen de aquella que había tomado por garante de mis nuevas promesas. Postrada ante ella, le pedí con mucho fervor que me ayudara a cumplir lo prometido. Escuché una voz que me dijo: «Si tú pasas el Jordán hallarás el descanso.» Tomé las palabras como una señal para mí y pedí a la Virgen que no me abandonara. Partí rápidamente y compré tres panes. Luego tomé el camino que llevaba al río Jordán. Llegué a la iglesia de San Juan Bautista, donde recibí el cuerpo de mi Salvador. Pasé el Jordán, me encomendé a la Virgen Santísima y me interné en el desierto, donde he vivido durante cuarenta y siete años. Aún tiemblo al acordarme de las tentaciones que he sufrido. Durante diez y siete años luché con violentos deseos y una fuerte inclinación al mal. En medio de estos combates, lloraba y pedía a la madre de Dios que alejara de mi esos pensamientos que afligían mi alma. Siempre levantaba mi corazón a la Virgen Inmaculada en mis luchas, y ella nunca dejó de ayudarme. (Vida de los Padres del desierto)
PRACTICA DE PIEDAD
Acudamos con confianza á María desde el principio de este dichoso mes, y pidámosle que nos alcance el perdón de nuestros pecados
ORACION JACULATORIA
Quibus te laudibus efferam nescio.
¡Oh María! yo no sé con que elogios celebre dignamente vuestras grandez
CONCLUSION
Rezo a María, madre de Dios
Querida María, aunque me siento indigno, quiero postrarme a tus pies para ofrecerte las primeras oraciones de este mes dedicado a ti. Por favor, desde tu trono celestial, dirige sobre mí una mirada de bondad y haz resonar en mi corazón palabras de consuelo. Aunque sea el último de tus seguidores, deseo visitarte con fidelidad durante este mes especial. Veniré a tu altar todos los días para bendecirte, hacer mis peticiones, alabarte y mostrarte mi amor. Confío en que, como madre compasiva, escucharás mis deseos y me protegerás poderosamente este mes, durante mi vida y, sobre todo, en mi hora final. Amén.
Para concluir la distribución se rezará cinco veces el Ave María en honor del dulcísimo nombre de la Santísima Virgen, y se dirán las siguientes deprecaciones, que se repetirán todos los dias
Madre mia amantísima, en todos los instantes de mi vida
acordaos de mí, infeliz pecador.
Ave María.
Acueducto de las divinas gracias,
concededme abundancia de lágrimas
para llorar amargamente mis pecados.
Ave María.
¡Reina del cielo y de la tierra, sed mi amparo y mi defensa
en las tentaciones de mis enemigos.
Ave María.
I de Joaquín y Ana hija querida, alcanzadme de vuestro
santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación.
Ave María.
Abogada y refugio de los pecadores,
asistidme en el trance de mi muerte, y
abridme las puertas de la celestial Jerusalen.
Ave María.
En seguida y mientras se disuelve la concurrencia, se pueden cantar los versos que siguen, pudiendo servir el estriviüo para cada misterio del Rosario, mientras algunas
niñas presentan sus ofrendas á la Santísima Virgen.
ESTRIBILLO
Venid amantes hijos,
Con flores de alegría,
Con flores á María
Que madre nuestra es.
VERSOS
De nuevo aquí nos tienes,
Purísima doncella
Mas que la luna bella,
Postrados á tus piés.
Venid, etc…
Venimos á ofrecerte Flores del bajo suelo, Con cuán ardiente anhelo, Señora, tú lo ves.
Venid, etc…
Con ellas presentamos,
Para alcanzar tus dones,
Rendidos corazones,
Si bien ya los posees.
Venid, etc…
Jamás tu amor consienta
Que en este triste mundo,
Fiero cual mar profundo
Sufran algún revés.
Venid, etc…
Y si á tus dulces ojos
Hoy nuestras flores placen,
Las que en la gloria nacen
En prèmio tú nos des.
Venid, etc…
OTROS
ESTRIBILLO
Oh Virgen y Madre,
Del cielo delicia,
La flor que te ofrezco
Recibe propicia.
VERSOS
Los valles alegra
Benéfico rayo,
Del sol que engalana
Las flres de Mayo.
Oh Virgen… etc
Y apénas se abren
Y el cáliz se asoma,
Regala el ambiente
Balsámico aroma.
Oh Virgen… etc
Así en su manera
Brotando en el suelo,
Al dueño bendicen
Que habita en el cielo.
Oh Virgen… etc
O Cándidas flores,
Venid a mis manos,
Guirnaldas harémos
Los pechos humanos.
Oh Virgen… etc
Mostrad ahora juntas
Mayor lozanía,
Que va á recibirnos
La Virgen María.
Oh Virgen… etc

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