La Misión de Jesús: Redención para Pecadores

21 de septiembre

San Mateo

Efesios 4:1-7, 11-13 Salmos 19:2-5 Mateo 9:9-13

“Sígueme”. Y él se levantó y le siguió

“Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en la mesa de recaudación de impuestos” (Mateo 9:9).

El Evangelio de hoy nos muestra que todos estamos llamados a la conversión, incluso los que se consideran los más malos y pecadores. San Mateo 9:9-13 relata el llamado de Mateo, un recaudador de impuestos, para seguir a Jesús.

Jesús llama a Mateo, un hombre considerado pecador por su profesión, porque era publicano, era un recaudador de impuestos delegado por los invasores romanos, y no solo recaudaban esos impuestos, sino que cobraban demás y se quedaban con el sobrante; los publicanos eran muy mal vistos en la sociedad de ese tiempo. Y sin importar nada de eso, Jesús lo llama para ser uno de sus discípulos. Jesús no excluye a nadie de su amor y misericordia. Él ve más allá de las apariencias y los pecados, y llama a cada persona a una vida nueva.

Jesús responde a las críticas de los fariseos, quienes se escandalizan porque come con publicanos y pecadores, diciendo: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Esto subraya la importancia de la compasión y el perdón sobre los rituales y las apariencias externas. Pero no debemos entender mal esto; más bien, nos dice Jesús que si somos ordenados y serios en nuestra apariencia, también podemos serlo en el fondo de nuestro corazón. Por eso, la liturgia, es decir, los actos de culto, deben ser ordenados y mostrar qué es lo que creemos, y no solamente unos actos improvisados.

La respuesta inmediata de Mateo al llamado de Jesús, dejando todo para seguirlo, es un ejemplo de conversión y entrega total. Mateo no solo abandona su lucrativo trabajo, sino que también organiza un banquete para Jesús, mostrando su gratitud y deseo de compartir su nueva vida con otros.

Jesús se presenta como el médico que viene a sanar a los enfermos, es decir, a los pecadores. Esta imagen resalta la misión de Jesús de traer sanación y redención a aquellos que más lo necesitan. Vale recalcar que no es una simple sanación material, sino que es de redención, un llamado a la Vida Eterna en el Reino.

Es fundamental reflexionar sobre nuestra disposición a seguir a Jesús, a pesar de nuestras imperfecciones y pecados. La verdadera religión se fundamenta en la misericordia y el amor, no en el juicio y la exclusión, siempre después de un arrepentimiento sincero y con la firme determinación de no volver a pecar. Además, nos impulsa a ser instrumentos activos de la misericordia de Dios en nuestras comunidades, recibiendo y apoyando a aquellos que buscan una nueva vida en Cristo.

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