22 de septiembre
25to domingo de T. Ordinario
Sabiduría 2:12, 17-20 Santiago 3:16─4:3 Salmos 54:3-8 Marcos 9:30-37
¿Quién es el más Grande?
“O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones” (Santiago 4:3).
SEGUNDO ANUNCIO DE LA PASIÓN. 30 Partiendo de allí, pasaron a través de Galilea, y no quería que se supiese; 31 porque enseñó esto a sus discipulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir; y tres días después de su muerte resucitará?” 32 Pero ellos no comprendieron estas palabras y temían preguntarle.
Marcos 9:30-37
HUMILDAD Y CARIDAD. 33 Entretanto, llegaron a Cafarnaum; y cuando estuvo en su casa, les preguntó: “¿De qué conversabais en el camino?”407. 34 Mas ellos guardaron silencio, porque habían discutido entre sí, durante el camino, sobre quien sería el mayor. 35 Entonces, sentóse, llamo a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere, ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos”. 36 Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo, les dijo: 37 “El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a Mí me recibe; y el que a Mí me recibe, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió”.

Este evangelio de San Marcos relata un momento muy importante en el ministerio de Jesús, donde enseña a sus discípulos sobre la verdadera grandeza y el servicio.
Jesús profetiza su muerte y resurrección por segunda vez, pero los discípulos no comprenden y tienen miedo de preguntar. Esto muestra la dificultad de aceptar el camino del sufrimiento y la cruz, situación que se ha dado incluso hasta la actualidad; el sufrimiento con sentido es algo central en la fe cristiana.
En cambio, los discípulos discuten sobre quién de ellos es el más grande, revelando aún más su incomprensión del mensaje de Jesús. En lugar de buscar poder y prestigio, Jesús les enseña que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio y la humildad.
Jesús es sumamente gráfico al explicar, y toma a un niño al que coloca en medio de todos, evidenciando que quien recibe a un niño en su nombre, lo recibe a Él y al Padre que lo envió. En la cultura de la época, los niños carecían de estatus social, lo que resalta la esencia de la humildad y la necesidad de acoger a los más pequeños y vulnerables; para nuestra época, nos revela que la verdadera inocencia reside en los niños y en la simplicidad de la vida. En ambos casos, debemos abrazar con profundo amor a los niños, incluyendo a aquellos que aún se encuentran en el vientre de su madre.
Jesús declara que quien quiera ser el primero debe ser el último y el servidor de todos. Este llamado al servicio es un desafío a la lógica del mundo, que valora el poder y la dominación. En cambio, Jesús nos invita a una vida de servicio desinteresado y amor hacia los demás.
Estamos una vez más invitados a reflexionar sobre nuestras propias ambiciones y actitudes. ¿Buscamos el reconocimiento y el poder, o estamos dispuestos a servir a los demás con humildad? La verdadera grandeza, según Jesús, se encuentra en el servicio y en la acogida de los más pequeños y necesitados.
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