18 de mayo
5to domingo de Pascua
Hechos 14:21-27 Apocalipsis 21:1-5 Salmos 145:8-13 Juan 13:31-35
Gloria de Dios
“Es necesario pasar por muchas tribulaciones” (Hechos 14:22).
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Juan 13:31-35 relata un momento crucial del Evangelio: la Última Cena, donde Jesús, tras la salida de Judas, anuncia su glorificación y entrega el mandamiento nuevo del amor. Este pasaje es profundamente significativo en la doctrina católica, ya que revela la esencia del discipulado cristiano y la identidad de la comunidad fundada por Cristo. A continuación, comento el texto desde la perspectiva de la doctrina católica, apoyándome en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia.
Contexto y contenido del pasaje
El pasaje comienza con Jesús declarando: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en él» (Jn 13:31). Esta glorificación se refiere a la inminente Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, eventos que manifestarán plenamente su divinidad y obediencia al Padre. Luego, Jesús anuncia su partida («Adonde yo voy, vosotros no podéis venir», Jn 13:33), preparando a los discípulos para su sacrificio redentor. Finalmente, entrega el mandamiento nuevo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amad también vosotros unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros» (Jn 13:34-35).
Doctrina católica
- La glorificación de Cristo: En la teología católica, la «glorificación» de Jesús en este pasaje apunta al misterio pascual. La Cruz, lejos de ser una derrota, es el momento supremo de la revelación de la gloria de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) enseña que «la obediencia de Jesús en su Pasión es la expresión suprema de su amor filial al Padre» (CIC 606). Esta glorificación no solo exalta a Cristo, sino que glorifica al Padre, mostrando la unidad de voluntad en la Trinidad.
- El mandamiento nuevo del amor: El amor (ágape) que Jesús manda no es un sentimiento, sino una entrega total, modelada en su propio sacrificio. El CIC subraya que este mandamiento es la «ley nueva» del Evangelio, que resume toda la moral cristiana (CIC 1970). Amar «como yo os he amado» implica un amor que perdona, sirve y se ofrece hasta la muerte. Este amor es el signo distintivo de la comunidad cristiana, como señala el CIC: «La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios» (CIC 1822).
- La identidad del discípulo: El amor mutuo es el criterio visible para que el mundo reconozca a los seguidores de Cristo. Esto refleja la enseñanza católica sobre la comunión eclesial: la Iglesia no es solo una institución, sino una comunidad de amor que refleja la vida trinitaria (CIC 787-789).
Perspectivas de los Padres de la Iglesia
Los Padres de la Iglesia, como intérpretes privilegiados de la Escritura, ofrecen una rica comprensión de este pasaje:
- San Agustín (354-430): En su Tratado sobre el Evangelio de Juan, Agustín enfatiza que el mandamiento del amor es «nuevo» no por su novedad cronológica (ya que el amor al prójimo estaba en la Ley mosaica), sino por su calidad y modelo: el amor de Cristo. Dice: «Es nuevo porque nos renueva, porque nos hace hombres nuevos, herederos del Testamento Nuevo, cantores de un cántico nuevo» (Tractatus in Ioannem 65, 1). Para Agustín, este amor es sobrenatural, infundido por el Espíritu Santo, y distingue a los cristianos como verdaderos discípulos.
- San Juan Crisóstomo (347-407): En sus Homilías sobre el Evangelio de Juan, Crisóstomo destaca la glorificación de Cristo en la Cruz como un acto de humildad y obediencia. Comenta que Jesús llama «gloria» a su Pasión porque en ella se revela el amor infinito de Dios. Sobre el mandamiento del amor, afirma: «Nada hace tanto a los discípulos de Cristo como el amor mutuo, porque en esto se muestra que están unidos a él» (Homilía 72). Para Crisóstomo, el amor fraterno es el testimonio más poderoso ante el mundo.
- San Cirilo de Alejandría (376-444): En su Comentario al Evangelio de Juan, Cirilo conecta la glorificación de Cristo con la redención de la humanidad. La Cruz es el momento en que Cristo, como Sumo Sacerdote, ofrece su vida para reconciliar al mundo con el Padre. Sobre el mandamiento del amor, Cirilo subraya que los discípulos deben imitar la humildad y la caridad de Cristo: «El amor que Cristo nos manda no es común, sino aquel que él mismo mostró al dar su vida por nosotros» (Comentario a Juan 13).
- Orígenes (185-254): Aunque su obra es más especulativa, Orígenes ve en este pasaje una invitación a participar en la vida divina. El amor mutuo entre los discípulos refleja la unidad de la Trinidad y anticipa la comunión escatológica. En su Comentario a Juan, sugiere que el mandamiento nuevo transforma a los creyentes en «hijos de Dios» que viven según el modelo de Cristo.
Aplicación práctica
Desde la doctrina católica y las enseñanzas patrísticas, este pasaje nos desafía a:
- Vivir el amor sacrificial: El amor cristiano no busca el propio interés, sino el bien del otro, incluso a costa de sacrificios personales. Esto se concreta en actos de servicio, perdón y solidaridad, especialmente hacia los más necesitados.
- Ser signo visible de Cristo: La comunidad cristiana debe ser reconocible por su amor mutuo. En un mundo dividido, la caridad fraterna es un testimonio evangelizador.
- Contemplar la Cruz: La glorificación de Cristo nos invita a ver la Cruz no como un fracaso, sino como la máxima expresión del amor divino, que da sentido a nuestro sufrimiento.
Conclusión
Juan 13:31-35 encapsula el corazón del Evangelio: la gloria de Cristo se manifiesta en su amor redentor, y los discípulos son llamados a reflejar ese amor en su vida. Los Padres de la Iglesia, como Agustín, Crisóstomo y Cirilo, nos recuerdan que este mandamiento es nuevo porque renueva al hombre y lo une a la vida de Dios. En la doctrina católica, este pasaje fundamenta la vocación de la Iglesia como comunidad de amor, llamada a ser luz en el mundo mediante la caridad. Que este mandamiento inspire a los cristianos a amar «como Cristo nos amó», siendo verdaderos testigos de su presencia.
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