Santo Tomás y la Sabiduría de Construir Sobre Cristo

26 de junio

San Josemaría Escrivá

Génesis 16:1-12, 15-16 Salmos 106:1-5 Mateo 7:21-29

Roca Firme

“…porque Él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas” (Mateo 7:29).

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El pasaje de Mateo 7:21-29, parte del Sermón de la Montaña, nos confronta con una verdad ineludible: no basta con proclamar la fe con palabras, sino que la verdadera adhesión a Cristo se manifiesta en cumplir la voluntad del Padre. Jesús advierte: «No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos». Este mensaje, profundamente arraigado en la doctrina católica, resuena con las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, quien, como Doctor Angélico, ilumina la relación entre fe, obras y la prudencia necesaria para construir nuestra vida sobre la roca que es Cristo.

La fe viva y las obras según la voluntad de Dios

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1814-1816) enseña que la fe sin obras es estéril, un eco directo de Mateo 7:21. Jesús distingue entre aquellos que solo pronuncian su nombre y quienes, con sus acciones, se conforman a la voluntad divina. Santo Tomás, en su Summa Theologiae (II-II, q. 4, a. 3), subraya que la fe no es un mero asentimiento intelectual, sino una virtud teologal que debe vivificarse por la caridad. Sin esta, las palabras o incluso los actos extraordinarios —como profetizar o expulsar demonios— carecen de mérito salvífico si no están ordenados al amor de Dios y del prójimo. En este sentido, el Aquinate nos recuerda que la obediencia a la voluntad de Dios, manifestada en los mandamientos y la vida de gracia, es el criterio último para entrar en el Reino.

El pasaje también nos invita a reflexionar sobre la autenticidad de nuestra vida cristiana. Jesús denuncia a quienes, confiados en sus palabras o en apariencias de piedad, se alejan de la verdadera justicia. Santo Tomás, en su comentario al Evangelio de Mateo, señala que la hipocresía es un grave peligro espiritual, pues pretende sustituir la sustancia de la virtud por su mera sombra. La doctrina católica, siguiendo esta línea, nos exhorta a un examen de conciencia constante para alinear nuestras intenciones y acciones con la voluntad divina, evitando el autoengaño.

La parábola de los dos cimientos: prudencia y perseverancia

La parábola que cierra este pasaje —la casa construida sobre roca frente a la edificada sobre arena— es una poderosa metáfora de la vida cristiana. Jesús enfatiza que escuchar sus palabras y ponerlas en práctica equivale a construir sobre un fundamento sólido. Santo Tomás, en su tratado sobre las virtudes cardinales (Summa Theologiae, II-II, q. 47), destaca la prudencia como la virtud que guía nuestras decisiones para ordenarlas al fin último: la unión con Dios. Construir sobre roca implica actuar con prudencia sobrenatural, discerniendo la voluntad de Dios y perseverando en ella, incluso ante las tormentas de la vida.

El Aquinate explica que la roca simboliza a Cristo, la Verdad inmutable, mientras que la arena representa las vanidades del mundo y la inconstancia humana. La casa sobre la roca es la vida del justo, sostenida por la gracia y la práctica de las virtudes; la casa sobre la arena es la del necio, que confía en sus propias fuerzas o en bienes pasajeros. Esta enseñanza encuentra eco en el Magisterio, que nos exhorta a fundamentar nuestra existencia en la Eucaristía, los sacramentos y la oración, medios por los cuales recibimos la gracia para perseverar.

Reflexión espiritual: un llamado a la conversión

Mateo 7:21-29 es, en última instancia, un llamado a la conversión del corazón. No se trata solo de evitar el pecado, sino de abrazar activamente la voluntad de Dios con humildad y confianza. Santo Tomás nos enseña que la felicidad eterna, a la que todos estamos llamados, se alcanza mediante la unión con Dios, que comienza en esta vida por la fe operativa en la caridad (Summa Theologiae, I-II, q. 5, a. 7). Cada acto de obediencia, cada renuncia al egoísmo, cada paso hacia la santidad, es un ladrillo en la casa que edificamos para la eternidad.

Este pasaje también nos confronta con la seriedad de nuestra libertad. Dios nos ha dado la capacidad de elegir, pero con ella viene la responsabilidad de responder a su llamada. La doctrina católica, iluminada por Santo Tomás, nos recuerda que la salvación es un don gratuito, pero requiere nuestra cooperación. Como dice el Concilio de Trento, «justificados por la fe, somos renovados en el espíritu de nuestra mente, y no solo se nos reputa, sino que verdaderamente somos justos» (Sesión VI, cap. 7). Escuchar a Cristo y actuar conforme a sus palabras es el camino para esa justicia.

Conclusión

Mateo 7:21-29 es un recordatorio vibrante de que la fe cristiana no es un mero discurso, sino una vida transformada por la gracia. Santo Tomás de Aquino nos guía a comprender que la obediencia a la voluntad de Dios, vivida con prudencia y caridad, es el fundamento sólido de nuestra existencia. Que, como los sabios de la parábola, construyamos nuestra casa sobre la roca de Cristo, para que, sostenidos por su amor, resistamos las tormentas y merezcamos escuchar un día: «Venid, benditos de mi Padre» (Mt 25:34). Que María, modelo de fiat, nos ayude a vivir plenamente para la gloria de Dios.

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