La Revelación de Cristo a Natanael

Septiembre 29, 2025

Daniel 7, 9-10. 13-14 Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5 Juan 1, 47-51

Fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles

#septiembre #lecturadeldia #izack4x4 #Ordinario

En este pasaje, el evangelista nos presenta el encuentro de Cristo con Natanael (identificado por muchos con Bartolomé). La escena resalta el poder de la mirada de Jesús y su conocimiento sobrenatural de los corazones. Al decir: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”, el Señor manifiesta su ciencia divina: conoce la interioridad de Natanael antes de que este se acerque. El apelativo “verdadero israelita” indica a alguien fiel a la Alianza, que vive en sinceridad ante Dios, no con hipocresía ni con duplicidad. La virtud de la simplicidad recta, que Santo Tomás llamará veritas in vita et sermone, es reconocida por Cristo como disposición idónea para acoger la revelación.

Natanael, sorprendido, pregunta: “¿De dónde me conoces?”. Y Jesús responde: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Los Padres han visto en la higuera un símbolo de la Ley antigua o del recogimiento interior. Santo Tomás, en su Catena Aurea, recoge el comentario de san Agustín: “La higuera representa el pecado, desde aquel primer pecado de Adán y Eva cubierto con hojas de higuera. Cristo, al decir que lo vio bajo la higuera, le muestra que lo conoce en su condición pecadora, pero también dispuesto a la redención”. Así, lo que Jesús revela no es solo una visión física, sino el conocimiento profundo del misterio de la persona.

Natanael responde con un acto de fe pleno: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Santo Tomás explica que aquí se expresa ya la confesión mesiánica: reconocer a Jesús como Hijo de Dios por naturaleza y como rey prometido a Israel. Se adelanta así el testimonio pascual de la Iglesia, pues la fe en la divinidad de Cristo brota del encuentro personal con su Palabra que penetra los corazones.

Jesús, entonces, eleva aún más la promesa: “¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera crees? Verás cosas mayores… Verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Esta imagen remite a la visión de Jacob (Gn 28,12), en la que la escala une el cielo y la tierra. Santo Tomás interpreta que Cristo mismo es esa escala: en cuanto hombre, está en la tierra; en cuanto Dios, está en el cielo. En Él se realiza la unión de lo divino y lo humano. Los ángeles “suben y bajan” para significar que todo ministerio celeste se ordena a Cristo y que, en su persona, se cumple la plena comunicación entre Dios y los hombres.

En la Iglesia católica, este pasaje manifiesta tres verdades centrales:

  1. La ciencia divina de Cristo: desde el inicio del Evangelio, Jesús se muestra como el que conoce los corazones (atributo propio de Dios).
  2. La necesidad de la sinceridad interior: la fe se recibe mejor en un corazón sin doblez.
  3. Cristo como mediador único: Él es la verdadera escala de Jacob, el camino por el cual los hombres acceden al Padre y en quien se cumple toda revelación.

De este modo, Natanael, figura de quien busca con rectitud, se convierte en modelo del discípulo que, a partir de un signo sencillo, se abre a una fe mayor y contempla en Cristo no solo al Mesías de Israel, sino al Hijo eterno del Padre.

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