La enseñanza de Jesús sobre la humildad y los niños

Octubre 2, 2025

Nehemίas 8, 1-4. 5-6. 8-12 Salmo 18, 8. 9. 10. 11 Mateo 18, 1-5. 10

Memoria de los Santos Ángeles Custodios

Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna

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El Evangelio de Mateo 18, 1-5.10 nos muestra a los discípulos preguntando a Jesús quién es el más grande en el Reino de los cielos. La respuesta del Señor rompe con las categorías humanas de poder y prestigio: coloca a un niño en medio de ellos y declara que la verdadera grandeza consiste en hacerse pequeños, humildes y confiados como un niño. Además, añade la advertencia de no despreciar a “uno de estos pequeños”, pues sus ángeles contemplan siempre el rostro del Padre.

La Iglesia católica enseña que la humildad es fundamento de toda vida cristiana. El Catecismo (n. 526) recuerda que “para entrar en el Reino, es necesario hacerse pequeño”, como Jesús mismo que se anonadó en su encarnación. La grandeza a los ojos de Dios no se mide en méritos humanos, sino en la capacidad de acoger el don divino con sencillez y dependencia filial. En los niños, la Iglesia contempla un modelo de confianza y pureza, que nos abre al misterio del Reino.

Santo Tomás de Aquino, en su Comentario al Evangelio de Mateo, explica que la grandeza en el Reino no se mide por el poder, sino por la humildad que dispone el corazón a Dios. En la Suma Teológica (II-II, q. 161), define la humildad como la virtud que regula el apetito, impidiendo que uno se eleve desordenadamente por encima de lo que es. Para Tomás, el niño colocado por Cristo es signo de quien no confía en sí mismo, sino en su Padre, y de quien no busca el honor, sino la verdad. De ahí que la grandeza del Reino esté reservada a los que se hacen semejantes a estos pequeños.

Santa Teresita del Niño Jesús encarna de manera ejemplar este pasaje. Su doctrina de la “pequeña vía” consiste en vivir como niña delante de Dios: sin pretensiones, en total abandono y confianza, segura de que el Padre se inclina hacia la pequeñez de sus hijos. Para ella, el camino al cielo no está reservado a los grandes santos por sus obras extraordinarias, sino a quienes se reconocen pequeños y frágiles, pero se entregan con amor absoluto. De este modo, su espiritualidad hace eco directo a la enseñanza de Jesús: la grandeza del Reino consiste en ser pequeño, confiado y humilde, sabiendo que, en esta pequeñez, resplandece la misericordia infinita del Padre.

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