Octubre 3, 2025
Baruc 1, 15-22 Salmo 78, 1-2. 3-5. 8. 9 Lucas 10, 13-16
Viernes de la XXVI semana del Tiempo ordinario
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados
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En este pasaje, Cristo pronuncia palabras de severa advertencia contra Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, ciudades que habían contemplado de cerca sus milagros y escuchado su predicación, pero que no dieron frutos de conversión. En cambio, pueblos paganos como Tiro y Sidón, que no habían recibido tal abundancia de gracia, habrían respondido con penitencia de haber sido testigos de aquellas obras.
La enseñanza central es clara: a mayor gracia, mayor responsabilidad. Así lo expresa Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica (I-II, q. 109-114), cuando explica que la gracia de Dios no destruye la libertad humana, sino que la eleva y la mueve interiormente al bien. El rechazo de la gracia, por tanto, no es simple ignorancia, sino resistencia culpable ante el don divino. El Doctor Angélico también enseña que Dios ofrece suficiente gracia para la salvación, pero cuando el hombre se obstina, la misma gracia se convierte en testimonio contra él.
En la segunda parte del pasaje, Jesús afirma: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. Aquí se manifiesta la dimensión eclesial y sacramental del Evangelio. Los Apóstoles y sus sucesores participan de la misión de Cristo de modo real y eficaz: rechazar su palabra es rechazar al mismo Hijo de Dios y, en última instancia, al Padre. Santo Tomás señala (Comentario al Evangelio de San Juan, c. 12, lect. 3) que la misión de los enviados no se basa en autoridad propia, sino en la participación del poder divino, lo cual explica la gravedad del rechazo.
La Iglesia católica ha visto en este pasaje una llamada tanto a la humildad como a la responsabilidad. Humildad, porque todo lo que recibimos es don gratuito de Dios; responsabilidad, porque ese don exige respuesta, penitencia y fe. San Gregorio Magno ya decía que no basta con haber oído el Evangelio, sino que se debe vivir conforme a él; de lo contrario, lo escuchado se vuelve motivo de juicio.
Finalmente, podemos sacar una doble meditación:
- Para quienes han recibido más luz de fe —los bautizados, los que participan de la Eucaristía, los que conocen la enseñanza de la Iglesia—, la indiferencia es más grave, porque el Señor pedirá cuentas proporcionadas al don recibido.
- La misión apostólica no es un simple anuncio humano, sino una continuación de la voz de Cristo en la historia. Escuchar a los ministros de la Iglesia con fe es escuchar al mismo Señor.
Así, este Evangelio nos recuerda que la gracia no es un adorno, sino una semilla destinada a dar fruto. El juicio será más severo para quien recibió abundantemente y no respondió, pero también será glorioso para quien, con humildad, acoge la palabra de Cristo en sus enviados y se convierte.
- La misericordia que no conoce descanso

- El corazón que no quiere ser amado

- La puerta estrecha del Reino

- Llamados por nombre: el misterio de la elección

- La liberación en el día del Señor

- El corazón que se humilla será exaltado

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