Enviados con la paz del Reino

Octubre 18, 2025

2 Timoteo 4, 10-17 Salmo 144, 10-11. 12-13. 17-18 Lucas 10, 1-9

Fiesta de San Lucas, evangelista

Señor, que todos tus fieles te bendigan

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Cristo, en este pasaje, instituye una forma de misión apostólica que anticipa la naturaleza misma de la Iglesia: enviada al mundo para anunciar la cercanía del Reino de Dios. No sólo los Doce son llamados, sino también los setenta y dos, símbolo de la universalidad de la misión, porque el Evangelio está destinado a todos los pueblos.

Cuando el Señor envía a los discípulos de dos en dos, manifiesta que la comunión fraterna es condición esencial del apostolado. Santo Tomás de Aquino, en su Comentario al Evangelio de San Lucas, enseña que nadie puede predicar la paz si no la vive primero en comunión con su hermano. La Iglesia, en continuidad con esta enseñanza, entiende que la misión nunca es individualista, sino comunitaria: la comunión eclesial es el primer testimonio del Reino.

Al decir “La mies es mucha y los obreros pocos”, Jesús revela la necesidad de la cooperación divina. Según Santo Tomás, el trabajo apostólico no se funda en la suficiencia humana sino en la gracia y providencia de Dios, quien suscita las vocaciones y prepara los corazones. Por eso el mandato de “rogar al dueño de la mies” recuerda que toda evangelización comienza en la oración. La eficacia de la misión depende de la docilidad al Espíritu Santo más que de los medios humanos.

Cuando Cristo ordena “no llevar bolsa ni alforja”, no propone un desprecio de los bienes, sino la expresión de una confianza absoluta en la providencia divina. Santo Tomás explica que el predicador de la verdad debe mostrarse libre de toda preocupación temporal, para que su palabra sea creída como proveniente de Dios y no por interés propio. La pobreza evangélica no es solo material, sino espiritual: el misionero se apoya únicamente en la fuerza del Evangelio.

El saludo “Paz a esta casa” no es mera cortesía; es la transmisión real de un don espiritual. Santo Tomás, citando a San Agustín, define la paz como “la tranquilidad en el orden”. El discípulo lleva consigo ese orden restaurado por Cristo, que reconcilia al hombre con Dios y con los demás. Por tanto, el anuncio del Reino no es una doctrina abstracta, sino una oferta concreta de reconciliación.

El mandato “Curad a los enfermos y decidles: el Reino de Dios está cerca” une la palabra y la caridad. Santo Tomás enseña que los milagros, especialmente las curaciones, son signos externos que confirman la verdad del mensaje divino. Curar a los enfermos manifiesta que el Reino no es sólo palabra, sino presencia sanadora: Dios se acerca al hombre herido para restaurarlo en cuerpo y alma.

En este pasaje, Cristo ofrece el retrato del verdadero apóstol: pobre, fraterno, confiado, pacífico y misericordioso. Santo Tomás resume esta actitud en la virtud de la caridad ordenada, raíz de toda misión: “El amor de Dios, cuando es verdadero, se derrama necesariamente hacia el prójimo.” Así, el envío de los setenta y dos no es sólo un hecho histórico, sino una imagen perenne de la Iglesia en salida, llamada a vivir en el mundo como signo visible de la cercanía de Dios.

El discípulo que vive según este mandato se convierte él mismo en anuncio viviente del Reino: un cordero en medio de lobos, pero sostenido por la fuerza del Amor que vence toda hostilidad

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