La creación (Caddo)

La creación (Caddo)

(Relato mítico del pueblo Caddo, de las llanuras del sur de Estados Unidos)

#leyendas

Antes de que existiera el cielo azul o la hierba que se mece con el viento, todo estaba cubierto por un mar oscuro y profundo. No había sol ni luna, ni canto de ave que rompiera el silencio. En las aguas dormía Aba Binni Oohait, el Gran Espíritu, soñando con el mundo que aún no era.

De su sueño nació una palabra, y esa palabra se convirtió en Coyote, el primer mensajero. Coyote flotaba sobre el mar, confundido y curioso. No sabía quién era, pero oía en su corazón una voz:
—Busca la tierra, y el mundo comenzará.

Coyote llamó a los seres del abismo para que lo ayudaran. Primero vino el castor, que buceó hacia el fondo, pero regresó sin nada. Luego el pato se sumergió, pero también falló. Finalmente, una pequeña criatura, el búho acuático, descendió tan profundo que su pecho casi se partió. Cuando volvió a la superficie, traía un poco de barro entre las garras.

Coyote tomó ese barro, lo sopló tres veces, y lo colocó sobre las aguas. El barro creció y se extendió, y así nació la Tierra, el primer suelo firme.

El Gran Espíritu vio que Coyote había cumplido su tarea y le dijo:
—Ahora enséñales a los hombres a vivir, pero recuerda: tu sabiduría será grande, y tu torpeza también.

Entonces Coyote caminó sobre la tierra recién nacida. Donde pisaba, brotaba la hierba; donde reía, nacían los ríos; y donde lloraba, surgían las montañas. Cuando el mundo estuvo completo, el Gran Espíritu creó a los hombres y los hizo salir de una gran colina, la Montaña de la Creación.

De su interior emergieron los primeros Caddo, guiados por una sabia anciana que llevaba fuego en una cesta. Ella les enseñó a encender el primer hogar y a mirar al cielo con gratitud.

Pero algunos hombres, impacientes, salieron antes de que la tierra estuviera lista. El sol aún no había salido, y su piel se volvió pálida como la luz de la luna. Los que esperaron, los Caddo, nacieron bajo el amanecer, y su piel guardó el calor del nuevo sol.

Desde entonces, los Caddo recuerdan que la paciencia fue la primera virtud del mundo, y el fuego del hogar, el primer regalo de los dioses.

En las noches de luna, cuando el coyote aúlla, los ancianos dicen que el Gran Espíritu lo escucha todavía, recordando al travieso que ayudó a dar forma a la tierra.

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