Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario

4 de febrero de 2026

2 Samuel 24, 2. 9-17 Salmo 31, 1-2. 5. 6. 7 Marcos 6, 1-6

Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario

Perdona, Señor, nuestros pecados

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Marcos 6, 1-6: El escándalo de la cercanía y la pobreza de la fe

El pasaje de Marcos en el que Jesús vuelve a su tierra y es rechazado por los suyos encierra una enseñanza profunda y, al mismo tiempo, desconcertante. No se trata de un rechazo violento, sino de algo más sutil y peligroso: la incapacidad de reconocer a Dios cuando se manifiesta en lo ordinario. Jesús no es negado por sus obras, sino reducido por la familiaridad: “¿No es este el carpintero?”

La doctrina católica ve aquí un drama espiritual recurrente: el hombre tiende a medir a Dios con criterios humanos. Los paisanos de Jesús no niegan su sabiduría ni sus milagros, pero tropiezan con su origen humilde. Conocen su historia, su familia, su oficio, y precisamente por eso se cierran al misterio. El Evangelio muestra que la fe no fracasa por falta de signos, sino por exceso de autosuficiencia.

Santo Tomás de Aquino explica que la fe es un acto del entendimiento movido por la voluntad bajo la gracia. Cuando la voluntad se cierra por orgullo o prejuicio, el entendimiento deja de acoger la verdad. En Nazaret no faltó la presencia de Dios; faltó la disposición interior para reconocerla. Por eso el texto afirma que Jesús “se maravilló de su falta de fe”.

El escándalo no es que Dios actúe, sino que lo haga desde la humildad. Cristo no llega revestido de poder exterior, sino como uno que ha compartido la vida cotidiana de su pueblo. Para Santo Tomás, este modo de obrar de Dios no es accidental: Dios se manifiesta en lo humilde para purificar la fe, de modo que el hombre no crea por conveniencia, sino por adhesión a la verdad.

El Evangelio añade una afirmación sorprendente: Jesús no pudo hacer allí muchos milagros. La Iglesia enseña que no se trata de una impotencia real de Cristo, sino de una enseñanza pedagógica. Dios respeta la libertad humana. Santo Tomás subraya que los milagros no están destinados a forzar la fe, sino a confirmarla cuando el corazón está abierto. Donde no hay fe, el milagro pierde su sentido.

Sin embargo, Jesús no se retira con resentimiento. Sigue enseñando y continúa su misión. Esto revela que el rechazo no detiene el plan de Dios. La gracia no se impone, pero tampoco se agota. Marcos nos muestra así un Cristo profundamente humano y plenamente divino: herido por la incredulidad, pero fiel a su misión.

Este pasaje interpela directamente a la vida cristiana. Muchas veces el mayor obstáculo para la fe no es la negación explícita, sino la costumbre. Cuando Dios se vuelve “demasiado conocido”, dejamos de escucharlo. Cuando el Evangelio nos resulta familiar, corre el riesgo de volverse inofensivo. Santo Tomás advierte que el alma puede perder el gusto por lo divino no por maldad, sino por tibieza.

Marcos 6, 1-6 nos llama, entonces, a examinar nuestra disposición interior. ¿Reconocemos la acción de Dios en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo cercano? ¿O exigimos siempre signos extraordinarios? La fe auténtica nace de un corazón humilde, capaz de aceptar que Dios actúe de un modo distinto al esperado.

Así, este Evangelio no es solo el relato del rechazo de Nazaret, sino una advertencia permanente: Dios pasa a nuestro lado, habla nuestro lenguaje, entra en nuestra historia. La verdadera pregunta no es si Él está presente, sino si nosotros estamos dispuestos a creer.

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