El Amor de Cristo que Salva al Mundo
Hay días en que la Iglesia nos invita a contemplar un misterio que está en el corazón mismo de nuestra fe. El 14 de septiembre es uno de ellos. En esta fecha celebramos la Exaltación de la Santa Cruz, no como quien recuerda simplemente un instrumento de tortura del pasado, sino como quien contempla el lugar donde Jesucristo entregó su vida por la salvación del mundo.
Desde lo alto del Calvario, el Señor fue elevado sobre la Cruz. A los ojos del mundo parecía vencido, pero allí comenzaba a manifestarse la victoria de Dios. Cristo convirtió el madero de la muerte en el altar de la Nueva Alianza y transformó la Cruz en signo de amor, redención y esperanza.
La tradición de la Iglesia cuenta que Santa Elena, madre del emperador Constantino, llegó a Jerusalén en el siglo IV buscando los lugares santos relacionados con la Pasión de Cristo. Según esta venerable tradición, el 14 de septiembre del año 320 fue hallada la Santa Cruz. En aquel lugar se levantó posteriormente una gran basílica, y los cristianos comenzaron a reunirse para venerar solemnemente el sagrado leño.
La Cruz, sin embargo, conocería también el dolor de la persecución y del saqueo. En el año 614, Cosroas, rey de los persas, conquistó Jerusalén y se llevó consigo la reliquia de la Santa Cruz. Pero años después el emperador Heraclio derrotó a los persas y recuperó el precioso signo de nuestra Redención. El 3 de mayo del año 630, la Cruz fue restituida solemnemente al patriarca de Jerusalén.
Aquella alegría de los cristianos nos recuerda una verdad que jamás debemos olvidar: la Cruz pertenece a Cristo y conduce a la Resurrección.
Por eso hoy no adoramos el sufrimiento por sí mismo. Adoramos a Jesucristo crucificado, porque en su Cruz se manifestó hasta el extremo el amor de Dios por nosotros. Cada vez que hacemos la señal de la Cruz proclamamos nuestra fe y recordamos que hemos sido redimidos por Cristo.
Ante la Santa Cruz podemos decir con humildad: Señor, que nunca huya de la cruz que me acerque a Ti. Enséñame a llevarla contigo y a esperar, aun en medio del dolor, la gloria de la Resurrección.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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