San Mateo, apóstol y evangelista: de publicano a anunciador del Evangelio
Cada 21 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de San Mateo, apóstol y evangelista, uno de los Doce que siguieron a Jesucristo y, según la tradición cristiana, autor del Evangelio que lleva su nombre.
Su historia resulta especialmente significativa porque muestra que la llamada de Dios puede transformar completamente la vida de una persona. Mateo pasó de ser un publicano, considerado por muchos de sus contemporáneos como un pecador y colaborador del sistema fiscal romano, a convertirse en discípulo de Cristo y en uno de los grandes anunciadores de su mensaje.
De Leví a Mateo
El Evangelio según San Mateo relata que Jesús encontró a un hombre llamado Mateo sentado en el lugar donde se cobraban los impuestos:
««Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
(cf. Mt 9,9)»
El Evangelio de Marcos y el de Lucas presentan un relato paralelo y llaman a este hombre Leví (Mc 2,13-17; Lc 5,27-32). La tradición cristiana identificó a Leví con Mateo, uno de los Doce Apóstoles.
Mateo trabajaba como recaudador de impuestos en Cafarnaún, ciudad situada junto al lago de Galilea y escenario de buena parte de la predicación de Jesús.
Los publicanos eran objeto de desprecio social. No solamente cobraban impuestos, sino que su actividad estaba vinculada al poder romano. Por eso, para muchos judíos de aquella época, un publicano representaba una persona moral y religiosamente sospechosa.
Sin embargo, Jesús no vio solamente al hombre que ocupaba aquel puesto. Vio a la persona que podía llegar a ser.
Y bastó una palabra:
«Sígueme».
Mateo se levantó y siguió a Jesús.
Una llamada que cambia una vida
El episodio contiene una de las grandes enseñanzas del Evangelio: Jesús llama a las personas en medio de su realidad concreta.
Mateo no tuvo que convertirse primero en un hombre perfecto para recibir la llamada. Jesús lo llamó precisamente allí donde se encontraba.
Después de seguir al Maestro, Mateo ofreció una comida en su casa. Muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos preguntaron:
««¿Por qué come vuestro maestro con publicanos y pecadores?»»
Jesús respondió:
««No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. (…) Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».»
Estas palabras revelan el corazón de la misión de Cristo: la misericordia de Dios busca al ser humano para levantarlo y transformarlo.
Mateo, uno de los Doce
Mateo aparece posteriormente en las listas de los Doce Apóstoles (Mt 10,2-4; Mc 3,16-19; Lc 6,13-16; Hch 1,13).
El antiguo recaudador de impuestos pasó así a formar parte del grupo más cercano a Jesús.
Su vida demuestra que la vocación cristiana no consiste simplemente en abandonar una profesión o cambiar determinadas costumbres. Supone algo mucho más profundo: encontrarse con Cristo y permitir que ese encuentro transforme la propia existencia.
Mateo conocía el mundo de los impuestos, las cuentas, las transacciones y el dinero. Pero después de encontrarse con Jesús descubrió una riqueza infinitamente superior: el Reino de Dios.
El Evangelio según San Mateo
Desde los primeros siglos, la tradición de la Iglesia atribuyó a San Mateo el primer Evangelio del Nuevo Testamento.
El Evangelio según Mateo presenta a Jesús como el Mesías esperado por Israel y muestra con particular claridad la continuidad entre las promesas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Cristo.
Una de sus características más conocidas es la importancia que concede a las enseñanzas de Jesús.
En sus páginas encontramos algunos de los textos fundamentales de la fe cristiana: las Bienaventuranzas, el Padre Nuestro, numerosas parábolas del Reino y el mandato misionero:
««Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos (…) y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado».
(Mt 28,19-20)»
El Evangelio termina precisamente con Cristo enviando a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva a todas las naciones.
El hombre que dejó la mesa de los impuestos
Existe una hermosa imagen espiritual en la historia de Mateo.
Antes de conocer a Jesús, estaba sentado en su mesa de recaudador.
Jesús pasó delante de él.
Lo llamó.
Y Mateo se levantó.
La tradición cristiana ha visto en este gesto una imagen de la conversión: hay momentos en los que Dios nos invita a levantarnos de aquello que nos mantiene inmóviles para comenzar un camino nuevo.
Mateo no solamente cambió de profesión. Cambió de horizonte.
Antes contabilizaba dinero; después anunció la riqueza del Reino.
Antes estaba sentado en una mesa; después caminó detrás de Cristo.
Antes cobraba impuestos; después ofreció gratuitamente el Evangelio.
Patrono de quienes trabajan con las finanzas
San Mateo es tradicionalmente considerado patrono de contadores, banqueros, empleados bancarios, recaudadores de impuestos y personas vinculadas con las finanzas.
Su patronazgo recuerda que el trabajo relacionado con el dinero también puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios.
Las cuentas, los balances, las inversiones y las decisiones económicas tienen una dimensión moral. La doctrina social de la Iglesia recuerda que los bienes materiales deben estar ordenados al bien de la persona y de la sociedad, y que el trabajo debe realizarse con justicia, honestidad y responsabilidad.
Por eso, la figura de Mateo puede resultar particularmente cercana a quienes trabajan diariamente con números y recursos económicos.
Su vida plantea una pregunta sencilla pero profunda:
¿Para qué utilizamos aquello que Dios ha puesto en nuestras manos?
La riqueza verdadera
El Evangelio de Mateo presenta repetidamente la cuestión de las riquezas y del uso de los bienes.
Jesús advierte:
««No podéis servir a Dios y al dinero».
(Mt 6,24)»
La enseñanza cristiana no consiste simplemente en rechazar los bienes materiales. El problema aparece cuando el dinero deja de ser un medio y se convierte en un fin absoluto.
Mateo conocía perfectamente el valor de las monedas. Pero su encuentro con Cristo le permitió descubrir que existe una riqueza que ninguna moneda puede comprar:
la amistad con Dios.
¿Qué ocurrió después?
Los datos históricos sobre la vida de San Mateo después de la Ascensión de Jesús son escasos.
Las tradiciones antiguas ofrecen diferentes relatos acerca de su actividad misionera y de su muerte. Algunas tradiciones lo relacionan con la predicación en regiones de Oriente y con el martirio, pero los detalles no pueden establecerse con el mismo grado de certeza que los acontecimientos narrados en los Evangelios.
Lo que sí permanece en la tradición cristiana es su figura como Apóstol y Evangelista, testigo de Cristo y anunciador de su Buena Nueva.
Un santo para nuestro tiempo
La vida de San Mateo conserva una actualidad extraordinaria.
Vivimos en una sociedad donde el dinero, el éxito y la seguridad económica ocupan un lugar importante. San Mateo nos recuerda que ninguna prosperidad material puede llenar por sí sola el corazón humano.
El antiguo publicano escuchó una llamada y tuvo el valor de levantarse.
También nosotros podemos escuchar aquella misma palabra de Cristo:
«Sígueme».
No importa cuál sea nuestra profesión, nuestro pasado o las decisiones que hayamos tomado. La misericordia de Dios siempre puede abrir un camino nuevo.
San Mateo nos enseña que Cristo no llama solamente a los perfectos: llama a personas reales, con historias reales, y las transforma en instrumentos de su gracia.
Que San Mateo interceda especialmente por quienes trabajan en bancos, empresas, contabilidad, administración, comercio y finanzas, para que desempeñen sus responsabilidades con honestidad, justicia y espíritu de servicio.
Y que su ejemplo nos ayude a recordar que la verdadera riqueza no se encuentra en aquello que podemos acumular, sino en aquello que podemos entregar a Dios y a los demás.
San Mateo, Apóstol y Evangelista, ruega por nosotros.
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