MES DE MARIA – DIA 10

MES DE MARIA – DIA 10

De la Visitación de la Virgen Santísima

María descubre en este misterio:

  1. ° Un fervor admirable.
  2. ° Una humildad profunda.
  3. ° Una caridad sin límites.

La preparación como en la pág. 21

PUNTO I. Una vez que la Virgen María concibió al Verbo eterno, se dirigió rápidamente al país donde vivía su prima Isabel, llena de obediencia a la gracia y al amor divino en su corazón. Nada la detuvo: ni la distancia, ni el cansancio, ni los posibles peligros en el camino. Su fervor aumentaba con las dificultades. Tan pronto como conoció la voluntad de Dios, se puso en marcha con alegría para cumplir su deber de caridad hacia la madre de Juan el Bautista. Así es como un alma fervorosa sirve al Señor, llena de alegría santa y diligente en el camino de la justicia. Por el contrario, un alma tibia solo se arrastra en el camino del cielo, cumpliendo con descuido todo lo que es del servicio de Dios. Debemos examinar detenidamente nuestro estado delante de Dios y temer si reconocemos en nosotros los tristes signos de la tibieza, ya que no hay nada más peligroso para la salvación.

PUNTO II. María es la Reina del universo porque es la Madre de Dios. Tenía el derecho de exigir respeto y homenajes no solo de Isabel, sino de todas las personas e incluso de los ángeles. A pesar de esto, ella muestra humildad al saludar primero a su parienta y ofrecerle sus servicios. Aunque podría considerarse la primera entre todas las mujeres, elige colocarse por debajo de los demás. Su humildad contrasta con nuestro orgullo y delicada sensibilidad. Aunque tiene dones excepcionales y un estatus elevado, piensa humildemente de sí misma y busca la humillación ante los demás. En cambio, nosotros, que solo heredamos la miseria y el pecado, estamos llenos de vanidad, ansiamos honores y siempre queremos aparentar superioridad ante los demás.

PUNTO III.- ¿Quién podrá explicar las virtudes de María en esa casa santa y cómo sirvió a su querida prima? Imaginamos lo inspiradora que fue su caridad: asistir a Isabel con celo, servirla rápidamente, anticiparse a sus deseos. Esto fue lo que la Reina del Cielo hizo durante los tres meses que estuvo con ella. Sigamos el ejemplo de María, tengamos una caridad sincera hacia el prójimo, preocupémonos por sus necesidades, mostremos esta caridad no solo con palabras, sino con hechos. Una caridad pura y desinteresada, que olvidándose de sí misma, vea en el prójimo la imagen de Dios. En resumen, una caridad constante que nunca cambie y que perdure hasta el final.

La oracion para despues de la meditación pág. 25 y luego
la siguiente:

ORACION

¡Oh Virgen Santa! Cuando visitaste a Santa Isabel, tu prima, ella se emocionó mucho y dijo que la voz de tu saludo hizo que el bebé que llevaba en su vientre saltara de alegría. ¡Oh santa Madre mía! Espero escuchar esa voz dulce y maternal en el Cielo algún día. Mientras tanto, mi corazón se llena de alegría al pronunciar tu dulce y poderoso nombre, María. ¡Oh nombre de María! Permanece siempre en mi corazón y en mis labios. Sé mi consuelo, mi fuerza, mi alegría y mi felicidad. ¡Oh María! ¡Oh nombre al que nadie debe dejar de invocar jamás! ¡Oh Marta, nombre bajo el cual nada debe temerse!

EJEMPLO

LA PAZ DE UNA FAMILIA

Verdaderamente, la Virgen María es la Reina de la paz y la clemencia. Quienes acuden a ella con fervor siempre reciben su bendición y ayuda, especialmente si rezan el Rosario. Las personas que están afligidas por problemas deberían imitar este ejemplo, ya que la Madre de Dios seguramente los liberaría de sus dificultades con su gran misericordia.

En una ciudad de Cataluña vivía un matrimonio feliz, pero el enemigo siempre intenta arruinar la vida de las personas o alterar la paz familiar. Este matrimonio fue víctima de las malvadas intenciones de Satanás, y muy pronto los celos encendieron la discordia entre ellos.

Ella era muy hermosa y virtuosa, y tenía mucha devoción por el Rosario. El mal espíritu quería hacerle daño, así que intentó hacer que su esposo sintiera celos. Él empezó a vigilar a su esposa constantemente, sin importarle que eso lastimara su virtud y dignidad, ni que él mismo se rebajara. Llegó al extremo de maltratar a su inocente esposa, que sufría por las acciones despreciables de su marido, encerrada en una habitación de su propia casa.

Allí la buena mujer pedía fervientemente a la Virgen inmaculada que la ayudara a disipar las sospechas infundadas de su marido. Para ganar su favor, no dejaba de rezarle fervorosamente el santísimo Rosario. Un día, cuando la situación se volvió insoportable, la Reina del cielo miró con bondad a su devota y le inspiró la idea de hablar con su marido de la siguiente manera:

—¿Por qué desconfías de mi lealtad, cuando no hay una esposa más cariñosa que la que tienes? ¿Qué has visto en mí para que hayas concebido la pasión que te atormenta y me angustia? He tratado de probarte mi lealtad de todas las maneras posibles, y ahora solo me queda recurrir al cielo. Voy a él y a la Virgen santísima, para que dejes de atormentarte y atormentarme. Toma este rosario, rézalo, te lo ruego, y pide a la Madre de Dios que se digne revelarte si soy culpable o no, porque confío en que la misericordiosa Virgen disipará tus crueles dudas. Si resulta que soy culpable, castígame severamente, pero si resulto inocente, te pido, por la compasión divina, que tranquilices tu espíritu y dejes de afligirte y afligirme.

El marido celoso aceptó el rosario porque quería conocer la verdad y resolver la agitación en su hogar. Se dedicó a esta santa práctica, pidiendo a la Reina del Cielo que revelara la lealtad de su esposa. Esa misma noche, la Madre de Dios se le apareció, lo reprendió por dudar y angustiar a su esposa, disipó los celos infundados de su corazón, lo llenó de consuelo celestial y luego desapareció.

Cuando el hombre despertó, recordó las palabras de la Madre de Dios y se dio cuenta de la gran virtud de su esposa. Se arrodilló ante ella, pidió perdón por dudar de ella sin razón y por causarle sufrimiento. Ambos agradecieron a la Virgen por su misericordia y se volvieron devotos del santo Rosario, el cual trajo felicidad a sus vidas y promovieron con celo su practica.

Aprendiendo de este ejemplo, acudamos a María santísima, pidiéndole que nos ayude mediante el santísimo Rosario. Gracias a esta devoción reconfortante, veremos que las dificultades que el mal espíritu provoca en nuestras vidas desaparecerán, y sentiremos una paz inquebrantable en nuestro interior. También debemos demostrar nuestro agradecimiento a la celestial Señora, amando sinceramente al Niño Jesús, quien nació para salvarnos y soportó muchas dificultades debido al amor que nos tiene.

PRACTICA

Al despertar, ofrécele a María tus acciones y renueva este ofrecimiento de vez en cuando durante el día.

JACULATORIA

Fac ut ardeat cor meum in amando Christum Deum.

Oh María, haz que mi corazón se llene de amor por Jesucristo, mi Dios.

Lo demás como en la página 28.

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