2 de noviembre
Dia de los Fieles Difuntos
Sabiduría 3:1-9 1 Corintios 15:51-57 Salmos 23:1-6 Juan 6:37-40
Hay Vida Eterna
“La voluntad del que me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día» (Juan 6:39).
El evangelio de hoy día de los Fieles Difuntos, que nos trae san Juan en el capítulo 6:37-40, ofrece una enseñanza profunda sobre la promesa de Jesús a sus seguidores y la seguridad de la salvación. En estos versículos, Jesús enfatiza la voluntad de Dios y su compromiso con aquellos que vienen a Él. Este texto es fundamental para entender la naturaleza de la gracia divina y la certeza de la vida eterna.

La Promesa de Jesús
Jesúscitado por san Juan nos dice en el versículo 37: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.» Aquí, Jesús afirma que todos aquellos que el Padre le ha dado vendrán a Él, y que no rechazará a nadie que venga. Esta promesa subraya la acogida incondicional de Jesús. No importa el pasado o las circunstancias de una persona, Jesús está dispuesto a recibir a todos aquellos que se acercan a Él con fe y demuestran verdadero arrepentimiento.
Seguridad de la Salvación
Y Jesús continúa en el Versículo 38: «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.» Jesús declara su misión de cumplir la voluntad de Dios Padre. Esto indica la total obediencia y alineación de Jesús con los planes divinos. La salvación no depende de los méritos humanos, sino del propósito y la voluntad de Dios.
Y luego en el Versículo 39: «Y esta es la voluntad del Padre que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.» Jesús asegura que no perderá a ninguno de aquellos que el Padre le ha dado y promete resucitarlos en el último día. Esta promesa de resurrección es fundamental para la fe cristiana, proporcionando esperanza de vida eterna y confirmando la seguridad de la salvación.
Vida eterna
Y sigue con el versículo 40: «Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que vea al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.» Jesús refuerza la promesa de vida eterna para todos aquellos que creen en Él. Ver al Hijo y creer en Él son actos de fe que llevan a la vida eterna. La resurrección en el día postrero es una afirmación de la victoria final sobre la muerte y el pecado.
Reflexión Final
Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la gracia y la seguridad de la salvación en Cristo. Nos recuerda que nuestra salvación no es el resultado de nuestros propios esfuerzos, sino un regalo de Dios, asegurado por la voluntad y el poder de Jesús. La promesa de Jesús de no rechazar a nadie que venga a Él nos ofrece una bienvenida incondicional y un refugio seguro para todos los que buscan su gracia. Pero siempre recordando la frase de san Agustín: «El Señor que te creó sin ti, no te salvará sin ti», entonces debemos arrepentirnos de nuestros pecados para obtener el regalo de la salvación.
La seguridad de la resurrección y la vida eterna nos brinda esperanza y consuelo, especialmente en tiempos de incertidumbre y sufrimiento. Saber que Jesús cumple la voluntad del Padre y que Él nos resucitará en el último día nos da la certeza de que nuestras vidas están en manos seguras.
Finalmente, este pasaje nos desafía a vivir con una fe activa y confiada. Ver al Hijo y creer en Él implica no solo un acto de fe inicial, sino una relación continua y transformadora con Jesús. Nos invita a profundizar nuestra relación con Él y a vivir de acuerdo con su voluntad.
En conclusión, Juan 6:37-40 es un pasaje que destaca la gracia, la promesa de la salvación y la seguridad de la vida eterna en Jesús. Nos llama a confiar plenamente en Él y a vivir con la esperanza de la resurrección y la vida eterna. Este texto nos ofrece consuelo y seguridad en nuestra fe, recordándonos que Jesús siempre nos recibe con los brazos abiertos y nos promete vida en plenitud.
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