Tesoros en el Cielo: Reflexión sobre Mateo 6

20 de junio 

2 Corintios 11:18, 21-30 Salmos 34:2-7 Mateo 6:19-23

Comunidad con DIos

“Vuelvo a hablar como un necio” (2 Corintios 11:23).

#junio #lecturadeldia

El pasaje de Mateo 6:19-23 nos invita a una profunda meditación sobre el destino de nuestro corazón y la orientación de nuestra vida hacia los bienes verdaderos. Jesús nos exhorta: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido los destruyen, y donde los ladrones perforan paredes y roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen, ni los ladrones perforan ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6:19-21). Estas palabras, en el contexto del Sermón de la Montaña, nos confrontan con una verdad esencial: la vida humana encuentra su sentido pleno solo cuando se ordena hacia Dios, el Sumo Bien.

Desde la perspectiva de la doctrina católica, este pasaje nos recuerda que los bienes materiales, aunque necesarios para la vida terrena, son efímeros y subordinados al fin último del hombre: la unión con Dios. La Iglesia enseña que el corazón humano, creado para la eternidad, no puede satisfacerse con lo pasajero. Como señala el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1718), “el hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su felicidad”. Acumular tesoros en la tierra, entendidos como riquezas materiales o ambiciones egoístas, es un espejismo que desvía al alma de su verdadero propósito.

Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica (II-II, q. 118, a. 1), aborda la relación del hombre con los bienes temporales al tratar el vicio de la avaricia. Para el Doctor Angélico, la avaricia no solo implica un apego desordenado a las riquezas, sino una desorientación del corazón que coloca los bienes creados por encima del Creador. En este sentido, el consejo de Jesús de acumular tesoros en el cielo resuena con la enseñanza tomista de que los bienes terrenos deben usarse como medios para alcanzar el fin sobrenatural, no como fines en sí mismos. Santo Tomás subraya que la felicidad verdadera (beatitudo) no se encuentra en las riquezas, el poder o el placer, sino en la visión de Dios, que es el único tesoro incorruptible.

El pasaje prosigue: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mt 6:22-23). Aquí, Jesús emplea una metáfora poderosa para hablar de la rectitud de intención. En la tradición católica, el “ojo sano” simboliza una mirada pura, orientada hacia Dios, que ilumina toda la vida del hombre. Por el contrario, un “ojo enfermo” representa una intención torcida, cegada por el pecado o el apego a lo mundano, que sume al alma en la oscuridad.

Santo Tomás, en su comentario a este pasaje (Commentarium in Matthaeum), interpreta el ojo como la intención del corazón. Para él, la rectitud de intención es fundamental para que las acciones humanas sean meritorias ante Dios. Una intención pura, dirigida a la gloria de Dios y al bien del prójimo, ilumina el alma y la ordena hacia la caridad, que es el vínculo de la perfección (Col 3:14). Por el contrario, cuando el ojo del alma está “enfermo” —es decir, cuando la intención está viciada por el egoísmo o la codicia—, toda la vida queda desordenada, pues, como enseña Aquino, “el fin último da la forma a todos los actos humanos” (Suma Teológica, I-II, q. 1, a. 3).

Este pasaje nos desafía a examinar dónde ponemos nuestro tesoro y cómo orientamos nuestra mirada. ¿Buscamos acumular bienes materiales que se desvanecen, o invertimos en los tesoros del cielo: la fe, la esperanza, la caridad, las obras de misericordia? La doctrina católica nos invita a vivir en un espíritu de desapego, no porque los bienes materiales sean intrínsecamente malos, sino porque solo en Dios encontramos la plenitud. Como dice Santo Tomás, “el hombre no puede amar perfectamente a Dios si no ordena todas las cosas hacia Él” (Suma Teológica, II-II, q. 24, a. 8).

En un mundo que exalta el consumismo y la autocomplacencia, las palabras de Jesús son un faro que nos llama a la conversión. Nos piden purificar nuestra mirada, para que, con un ojo sano, podamos ver la realidad a la luz de la fe. Que el Señor nos conceda la gracia de buscar los tesoros del cielo y de mantener nuestro corazón anclado en Él, el único que puede colmar nuestras ansias de infinito.

abril Adviento Agosto Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Deja un comentario