Septiembre 19, 2025
1 Timoteo 6, 2-12 Salmo 48, 6-7. 8-10. 17-18. 19-20 Lucas 8, 1-3
Viernes de la XXIV semana del Tiempo ordinario
Dichosos los pobres de espíritu
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El evangelista san Lucas nos presenta a Cristo recorriendo las ciudades y aldeas “anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios”, acompañado no solo de los Doce, sino también de algunas mujeres que, habiendo sido curadas por Él de males y espíritus, le seguían y le servían con sus bienes. Este pasaje, breve en extensión, es rico en profundidad teológica y espiritual.
La doctrina católica ve aquí reflejado el misterio de la Iglesia como comunidad de discípulos: no se trata solo de una misión confiada a los Apóstoles, sino que desde el inicio la gracia de Cristo convoca a hombres y mujeres, cada uno según su vocación, a la tarea de seguir al Señor y sostener su misión. María Magdalena, Juana, Susana y “muchas otras” representan esa porción de la Iglesia que, tocada por la misericordia divina, responde con gratitud concreta. San Juan Pablo II, en Mulieris dignitatem, recordará que la presencia femenina en el seguimiento de Cristo no es un detalle secundario, sino revelación de la dignidad y misión de la mujer en la economía de la salvación.
Santo Tomás de Aquino, en la Catena Aurea, al comentar este pasaje, recoge la enseñanza de los Padres sobre cómo estas mujeres, movidas por la caridad, ponían sus bienes temporales al servicio del bien espiritual: un signo de que el seguimiento de Cristo comporta la entrega no solo del corazón, sino también de los recursos, talentos y posesiones. Para Tomás, este gesto es modelo de la virtud de la religio, que ordena al hombre a ofrecer lo propio en honor a Dios. Así, mientras los Apóstoles se entregan a la predicación, las discípulas sostienen materialmente la misión: es la complementariedad de carismas en la unidad del Cuerpo de Cristo.
Desde una perspectiva espiritual, se puede reflexionar sobre la gratitud como motor del seguimiento. Quienes fueron liberados de males y demonios no permanecieron en la pasividad, sino que respondieron con servicio. Santo Tomás, al tratar de la gracia en la Summa Theologiae (I-II, q. 110), enseña que la gracia no solo sana, sino que eleva al hombre a obrar según Dios. Lo vemos cumplido en estas mujeres: la gracia recibida fructifica en obras concretas de amor.
Finalmente, este pasaje nos invita a reconocer que todo servicio, incluso el más sencillo y material, tiene valor sobrenatural cuando está ordenado a Cristo y a la edificación de su Reino. Como señala Santo Tomás en su comentario al Evangelio de san Juan, “la caridad es la forma de todas las virtudes”: sin ella, incluso la predicación quedaría vacía; con ella, hasta el más humilde gesto de apoyo se convierte en participación en la misión salvadora de Cristo.
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