Memoria de San Juan Bosco, presbítero

31 de enero de 2026

2 Samuel 12, 1-7. 10-17 Salmo 50, 12-13. 14-15. 16-17 Marcos 4, 35-41

Memoria de San Juan Bosco, presbítero

Crea en mí, Señor, un corazón puro

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«El Señor del caos y la fe puesta a prueba»

Al caer la tarde, Jesús dice a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». La iniciativa es suya. No se trata de un accidente, sino de un camino querido. Este detalle es clave: la travesía y la tempestad ocurren dentro de la voluntad de Cristo, no fuera de ella. Santo Tomás de Aquino enseña que Dios puede permitir la prueba no para destruir la fe, sino para purificarla y fortalecerla.

Mientras navegan, se desata una tempestad violenta. Las olas golpean la barca y el peligro es real. Jesús, sin embargo, duerme en la popa sobre un cojín. Este sueño no es indiferencia, sino manifestación de su verdadera humanidad y, al mismo tiempo, signo de su dominio soberano. Para Tomás, Cristo duerme como hombre, pero gobierna como Dios. El aparente silencio divino no es ausencia, sino misterio.

Los discípulos, angustiados, lo despiertan con un reproche cargado de miedo:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
Aquí se revela el corazón humano frente a la prueba. La fe de los discípulos es real, pero todavía inmadura. Confían lo suficiente como para acudir a Jesús, pero dudan de su cuidado. Santo Tomás observa que el temor desordenado oscurece la razón y debilita la confianza, llevando al hombre a medir a Dios según sus propias emociones.

Jesús se levanta y reprende al viento y al mar:
«¡Silencio! ¡Cállate!»
Y sobreviene una gran calma. No es solo un milagro físico, sino una revelación teológica. En la Escritura, solo Dios tiene poder sobre el mar, símbolo del caos y de las fuerzas incontrolables. Tomás afirma que este gesto manifiesta claramente la divinidad de Cristo: la creación obedece a la voz de su Creador.

Luego Jesús se vuelve hacia los discípulos y formula una pregunta que atraviesa los siglos:
«¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?»
No les reprocha haberlo despertado, sino haber permitido que el miedo dominara su confianza. Para Santo Tomás, la fe verdadera no elimina toda tempestad exterior, pero sí establece una paz interior fundada en la certeza de que Dios gobierna incluso cuando parece dormir.

La reacción final de los discípulos es reveladora:
«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»
El temor inicial se transforma en temor reverencial, principio de la sabiduría. Comienzan a intuir que están ante algo más que un maestro: están en la barca con el Señor de la creación.

Este pasaje es una imagen poderosa de la vida cristiana y de la Iglesia. La barca sacudida por las olas representa al creyente y a la comunidad cristiana atravesando la historia. Las tempestades pueden ser persecuciones, crisis, enfermedades, dudas o miedos interiores. Cristo parece callar, pero permanece presente.

Santo Tomás enseña que la providencia divina no excluye el riesgo, pero garantiza el fin. La fe madura cuando el creyente aprende a confiar no solo cuando el mar está en calma, sino también cuando las olas amenazan.

Marcos 4, 35-41 nos deja una enseñanza decisiva:
– Cristo está en la barca, incluso cuando parece dormir.
– El caos no tiene la última palabra.
– La fe auténtica se prueba en la tormenta.
– La paz verdadera nace de reconocer quién es Él.

El mismo Señor que calmó el mar sigue diciendo al corazón inquieto: «Silencio. Cállate». Y cuando confiamos, aun en medio de la tempestad, comenzamos a experimentar la gran calma que solo Dios puede dar.

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Un comentario sobre “Memoria de San Juan Bosco, presbítero

  1. El texto reflexiona sobre la fe en medio de las dificultades. A partir del pasaje bíblico, recuerda que las pruebas y las “tormentas” de la vida no significan que Dios esté ausente, sino que pueden fortalecer la confianza y la fe. Transmite un mensaje de esperanza: incluso en el caos, Dios sigue presente y tiene el control.

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