Viernes de la VIII semana del Tiempo ordinario

29 de mayo de 2026

1 Pedro 4, 7-13 Salmo 95, 10. 11-12. 13 Marcos 11, 11-26

Viernes de la VIII semana del Tiempo ordinario

 El Señor juzgará a todas las naciones

¡Cristo Busca Frutos, No Apariencias! La Purificación del Templo y del Alma | Marcos 11, 11-26

En Evangelio según San Marcos contemplamos un pasaje lleno de fuerza profética y enseñanza espiritual. Jesucristo entra en Jerusalén, observa el Templo y luego realiza dos acciones que parecen distintas, pero que en realidad están profundamente unidas: la maldición de la higuera estéril y la purificación del Templo. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Cristo no vino solamente a corregir prácticas externas, sino a renovar el corazón del hombre y restaurar el verdadero culto a Dios. La higuera llena de hojas, pero sin frutos, representa el alma que aparenta religiosidad, pero carece de conversión interior. Dios no busca solamente signos externos de fe, sino frutos concretos de caridad, justicia y obediencia.

Cuando Jesús expulsa a los vendedores del Templo, manifiesta su autoridad divina sobre la casa de su Padre. El Catecismo recuerda que el Templo era figura de Cristo mismo y también imagen del alma bautizada, llamada a ser morada de Dios. Por eso, la indignación de Cristo no es un arrebato humano, sino un acto santo contra la corrupción del culto y la profanación de lo sagrado. El Señor denuncia una religión convertida en comercio y apariencia. Allí donde debería elevarse la oración, se habían instalado intereses mundanos. Esta escena sigue siendo actual: el cristiano debe vigilar para que su vida espiritual no sea invadida por el orgullo, la ambición o la hipocresía. El verdadero templo que Dios desea purificar es el corazón humano.

La higuera seca desde la raíz muestra el juicio de Dios sobre la esterilidad espiritual. El Catecismo enseña que la fe auténtica produce obras; no basta decir que se cree si la vida permanece sin frutos. Jesús habla entonces del poder de la fe y de la oración confiada: “todo lo que pidan orando, crean que ya lo han recibido”. No se trata de una fórmula mágica, sino de la certeza filial de quien se abandona a la voluntad divina. La oración cristiana nace de la unión con Dios y de la confianza en su providencia. Sin embargo, Cristo añade una condición decisiva: el perdón. El corazón que guarda rencor se vuelve incapaz de recibir plenamente la misericordia divina. El Catecismo enseña que perdonar es participar del amor mismo de Dios, quien nos reconcilió primero por medio de Cristo. Así, este pasaje entero es una llamada urgente a dar frutos de santidad, purificar el alma y vivir una fe verdadera sostenida por la oración, la confianza y el perdón.

abril Adviento Agosto Alquimia Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre Ecuador educación enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio junio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes pintura Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Deja un comentario