El lobizon de la Argentina

Cuando la noche invita al horror

Una vez me contaron esta historia, fue espeluznante, todos teníamos mucho miedo. Por eso ahora se las cuento yo a mis lectores:

Hoy les voy a contar sobre algo que muchos susurran en estas tierras, un escalofrío que corre por la espalda cuando la luna se asoma grande y redonda. Hablamos del Lobizón.

La Sombra del Séptimo Hijo
Imaginen una familia, una más, aquí en el campo. El primero, el segundo, el tercero… y así, hasta que nace el séptimo hijo varón. Ahí, dicen, se siembra la semilla de la maldición. Porque cuando ese muchacho crece, lleva consigo un destino oscuro, una carga que lo persigue desde la cuna. Durante el día, es un hombre común, tal vez algo callado, de mirada esquiva y un aire de melancolía que no se le quita. Algunos lo describen con un olor peculiar, una especie de tufo a animal, a tierra mojada después de la tormenta. Pero es de noche, bajo el manto de la luna llena, cuando la verdadera naturaleza se revela.

La Transformación Nocturna
Escuchen con atención… la leyenda susurra que, al caer la oscuridad, especialmente los viernes de luna llena, el pobre hombre sufre una transformación espantosa. Sus huesos crujen, su piel se estira y se cubre de un pelaje espeso. Se convierte en una criatura que no es del todo lobo, ni del todo perro, sino una mezcla abominable de ambos. Un ser grande, de ojos que brillan con un fuego infernal, orejas puntiagudas que parecen captar hasta el susurro del viento.

Entonces, el Lobizón sale a vagar. Sus pasos resonando en la quietud de la noche, acechando los cementerios. Dicen que se revuelca entre las tumbas, alimentándose de carroña, o, lo que es aún más escalofriante, buscando la inocencia desprotegida. Es por eso que en muchos pueblos se cuida tanto de bautizar a los niños, para que no caigan bajo su influencia maligna.

Un Padrino Especial
Es tan profundo el miedo a esta criatura, tan arraigada la creencia, que en Argentina, existe algo que muchos no conocen. Para intentar romper la maldición del séptimo hijo varón, el mismísimo Presidente de la Nación se convierte en su padrino. Un intento desesperado, quizá, de la ley para calmar el temor ancestral que anida en el corazón de la gente. Quizás el lobizon se asuste más con un politico.

Así que la próxima vez que la luna esté llena y escuchen un aullido lejano en la noche, piensen en el Lobizón. ¿Será solo el viento, o la bestia que aún acecha en las sombras? Nunca se sabe…

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