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El mΓ‘s allΓ‘ puede hablar a travΓ©s de las piedras

#fantasmas

En lo profundo de los Andes ecuatorianos, donde las nubes parecen dormir entre los pΓ‘ramos y los pajonales silban como voces viejas, el maestro Don Ramiro guiaba a siete niΓ±os por el antiguo sendero de tierra que conducΓ­a a la escuela comunal. La tarde se habΓ­a desplomado rΓ‘pido sobre el horizonte, y la lluvia, fina primero y luego furiosa, los obligΓ³ a avanzar a tientas.

El maestro sostenΓ­a un farol cubierto con su poncho empapado, mientras los niΓ±os, con sus mochilas de cuero y sus pasos temblorosos, seguΓ­an cada una de sus pisadas. El viento cortaba como si viniera de otras eras, trayendo murmullos que ninguno se atrevΓ­a a nombrar.

Cuando llegaron al pequeΓ±o arroyo que dividΓ­a el camino, el maestro se detuvo. AllΓ­, una piedra grande, lisa y oscura, era la ΓΊnica forma de cruzar sin ser arrastrados por la corriente. Los niΓ±os sabΓ­an lo que contaban los mayores: esa piedra tenΓ­a espΓ­ritu β€”un espΓ­ritu antiguo, de los tiempos en que los cerros caminaban y los hombres hablaban con el truenoβ€”.

Don Ramiro dio el primer paso. Apenas su bota tocΓ³ la piedra, un sonido emergiΓ³ desde lo profundo, como un gemido, como si alguien hablara desde adentro. No era un eco. No era el agua. Era una voz, ronca y vieja, que murmuraba palabras que los niΓ±os no comprendieron, pero sΓ­ sintieron:
β€œNo sigan…”
β€œRegresen…”
β€œLa noche no es de ustedes…”

Los niΓ±os se aferraron entre sΓ­. Algunos lloraban en silencio. Pero el maestro, con los ojos firmes, dio otro paso. Cada pisada producΓ­a un nuevo sonido de la piedra, como si respirara, como si sufriera. Al cruzar el arroyo, una rΓ‘faga helada los cubriΓ³, y por un instante, todos sintieron una presencia que los observaba desde lo invisible, como si la misma montaΓ±a hubiera despertado.

Llegaron a la escuela en silencio. Encendieron la estufa de leΓ±a y se acurrucaron. Nadie hablΓ³ de la piedra. Nadie quiso mencionar los susurros. Pero mientras el viento golpeaba la puerta de madera, se escuchaba un zumbido en lo mΓ‘s profundo del aire, como un eco que los llamaba… recordΓ‘ndoles que algo habΓ­a quedado atrΓ‘s… o quizΓ‘s, algo los habΓ­a seguido.

Con el paso de los dΓ­as, la escuela siguiΓ³ funcionando como siempre. Nunca volviΓ³ a ocurrir nada extraΓ±o. Y sin embargo, algunos niΓ±os, en medio de la clase, miraban hacia la ventana con el corazΓ³n inquieto. SentΓ­an, mΓ‘s que escuchar, el latido de aquella piedra antigua, vigilΓ‘ndolos, advirtiΓ©ndoles… como si el espΓ­ritu que habitaba en ella aΓΊn aguardara el momento de revelar lo que jamΓ‘s llegΓ³ a suceder.

QuizΓ‘s era solo un aviso.
O quizΓ‘s, una promesa del mΓ‘s allΓ‘ que todavΓ­a no ha concluido.

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