La parábola del administrador astuto: la sabiduría para la eternidader

Noviembre 7, 2025

Romanos 15, 14-21 Salmo 97, 1. 2-3ab. 3bc-4 Lucas 16, 1-8

Viernes de la XXXI semana del Tiempo ordinario

Que todos los pueblos aclamen al Señor

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La parábola del administrador astuto: la sabiduría para la eternidad

Este pasaje, aparentemente sorprendente, nos presenta a un administrador que, al ser descubierto por su mala gestión, actúa con rapidez e ingenio para asegurar su futuro. Y Jesús elogia su “astucia”, no su injusticia. ¿Qué significa esto a la luz de la doctrina católica? ¿Por qué Cristo propone a un hombre corrupto como ejemplo?

Santo Tomás de Aquino distingue entre la astucia del mundo, que busca el propio interés temporal, y la verdadera prudencia cristiana, que ordena todas las cosas al fin último: Dios. La Iglesia enseña que el hombre debe ser diligente, atento y estratégico, no para enriquecerse en esta vida, sino para asegurar su salvación eterna.

“Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.
Jesús lamenta que muchos se esfuerzan más por el éxito terreno que por la gloria eterna. Es un llamado a usar los bienes materiales como medios para alcanzar el Reino de Dios, invirtiéndolos en obras de misericordia, generosidad y justicia.

El administrador representa a cada uno de nosotros. Somos administradores, no dueños. Todo lo que tenemos –salud, inteligencia, dinero, tiempo, afectos– nos ha sido confiado por Dios. Tendremos que dar cuentas. Santo Tomás señala que el pecado de mal administrar los bienes consiste en olvidar que “todo bien criado está ordenado al bien espiritual del hombre”.

El administrador injusto usa sus bienes para ganarse amigos que lo reciban en el futuro. Jesús invita a hacer lo mismo, pero con sentido espiritual: usar los bienes terrenos para ayudar a los pobres, promover el Evangelio y ganar “amigos celestiales” que intercedan por nosotros ante Dios.

Usar los bienes para amar a Dios y al prójimo transforma la riqueza temporal en tesoro eterno. Como enseña santo Tomás: “Las limosnas son el camino más directo para transformar lo terreno en celestial”.

  • No adores lo que perece. La riqueza terrena es pasajera; el alma es eterna.
  • Sé astuto para tu salvación. Usa todo lo que tienes con perspectiva de eternidad, no de conveniencia inmediata.
  • Invierte en el cielo. Cada acto de caridad, cada sacrificio ofrecido, construye la morada que Dios nos preparará.

Jesús no elogia la corrupción, sino la previsión. No aplaude el engaño, sino la capacidad de actuar con decisión frente al juicio inminente. Esta parábola es una llamada urgente: no vivas como si nunca fueras a dar cuentas a Dios, sino como un administrador que quiere ser hallado fiel y prudente.

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