Domingo de Ramos “De la pasión del Señor”

29 de marzo de 2026

Mateo 21, 1-11 Isaías 50, 4-7 Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 Filipenses 2, 6-11 Mateo 26, 14–27, 66

Domingo de Ramos “De la pasión del Señor”

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

#lecturadeldia

La noche en que el hombre traicionó a Dios… y Dios decidió salvar al hombre

Este largo pasaje del Evangelio según Mateo narra desde la traición de Judas hasta la sepultura de Cristo. Es, en esencia, el relato de la Pasión, y desde la teología católica y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, aquí se revela el misterio central del cristianismo: la redención por medio del sacrificio de Cristo.

Lo primero que impresiona es que la Pasión no comienza con los soldados ni con el juicio, sino con una traición. Esto tiene un significado espiritual muy profundo: Cristo no es entregado primero por sus enemigos, sino por uno de los suyos. Santo Tomás reflexiona que esto muestra hasta qué punto Cristo quiso beber el cáliz del sufrimiento humano completo, no solo el dolor físico, sino también el dolor moral de la traición, la ingratitud y el abandono. En la vida espiritual esto enseña que muchas de las mayores cruces del hombre no vienen de los enemigos, sino de las personas cercanas.

La traición por dinero muestra también el desorden del corazón humano. Para Santo Tomás, la avaricia es un pecado particularmente peligroso porque hace que el hombre valore las cosas materiales más que las espirituales. Judas no vende simplemente a un hombre, vende la verdad, la amistad y a su Maestro por un precio. Es una imagen de todas las veces que el hombre vende su conciencia por conveniencia, miedo o interés.

Luego aparece la institución de la Eucaristía, que es uno de los momentos más importantes de toda la teología católica. Cristo no solo va a morir, sino que deja su sacrificio presente para todos los tiempos. Santo Tomás explica que la Eucaristía es al mismo tiempo sacrificio y sacramento: sacrificio porque hace presente la ofrenda de Cristo, y sacramento porque alimenta espiritualmente al alma. Es el memorial de la Pasión, no como recuerdo simbólico, sino como presencia real del sacrificio redentor.

Después viene la agonía en el huerto. Aquí se ve la verdadera humanidad de Cristo. Siente angustia, tristeza, temor ante el sufrimiento y la muerte. Santo Tomás explica que Cristo permitió sentir el temor para mostrar que su sufrimiento fue verdadero, pero su voluntad permaneció perfectamente obediente a Dios. Aquí se ve la enseñanza moral: la santidad no consiste en no sentir miedo o tristeza, sino en obedecer a Dios incluso cuando la voluntad humana sufre.

Cuando arrestan a Jesús, todos huyen. Esto muestra la debilidad humana. Incluso los que aman a Cristo pueden fallar si confían en sus propias fuerzas. Santo Tomás insiste mucho en que el hombre necesita la gracia, porque sin la gracia incluso el hombre bueno puede caer.

El juicio religioso y el juicio político muestran la injusticia humana. Cristo es condenado no porque haya hecho mal, sino porque dice la verdad. Esto enseña que la verdad muchas veces no es rechazada por ser falsa, sino por las consecuencias que tiene. Cristo es condenado por ser quien es.

La negación de Pedro es uno de los episodios más humanos del Evangelio. Pedro ama a Cristo, pero tiene miedo. Santo Tomás distingue entre el pecado por malicia y el pecado por debilidad. Pedro cae por debilidad y llora; Judas cae por malicia y desespera. Aquí hay una gran enseñanza espiritual: la diferencia no está solo en caer, sino en arrepentirse o desesperar. El arrepentimiento lleva a la misericordia; la desesperación aleja de ella.

La flagelación, las burlas, la corona de espinas y la crucifixión muestran hasta dónde llega el amor de Cristo. En la teología de Santo Tomás, la Pasión de Cristo salva al hombre de varias maneras: como satisfacción por el pecado, como sacrificio, como ejemplo de amor, como ejemplo de obediencia y como causa de gracia. No es solo que Cristo muere, sino que su muerte tiene un valor infinito porque es Dios hecho hombre quien se ofrece.

En la cruz se ve la gravedad del pecado y la grandeza del amor de Dios al mismo tiempo. El pecado es tan grave que requiere la redención por el sacrificio del Hijo de Dios, pero el amor de Dios es tan grande que Él mismo paga el precio.

Cuando Cristo muere y el velo del templo se rasga, la teología católica ve el símbolo de que el acceso a Dios queda abierto. Ya no hay separación, porque Cristo es el nuevo templo y el nuevo sacrificio.

Finalmente, la sepultura muestra que Cristo realmente murió. No fue apariencia, no fue símbolo, fue muerte real. Esto es importante porque si la muerte es real, la resurrección también será real. La fe cristiana no se basa en ideas, sino en acontecimientos.

En conjunto, todo este pasaje enseña, según Santo Tomás, que la Pasión de Cristo es el acto supremo de amor y obediencia, y también la mayor enseñanza moral: nadie tiene amor más grande que el que da la vida. La cruz, que parece derrota, en realidad es victoria; lo que parece fracaso es redención; lo que parece injusticia es el medio por el cual Dios salva al mundo.

La gran lección espiritual de todo este relato es que el mal, la traición, la injusticia y el sufrimiento no tienen la última palabra. Dios puede convertir incluso el peor mal en el mayor bien. Y eso es, en el fondo, el misterio de la Cruz.

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