30 de marzo de 2026
Lunes de la semana santa
Isaías 42, 1-7 Salmo 26, 1. 2. 3. 13-14 Juan 12, 1-11
El Señor es mi luz y mi salvación
#lecturadeldia
El perfume derramado y las monedas contadas: dos formas de estar frente a Cristo
El pasaje de Juan 12, 1-11, que la liturgia proclama el Lunes de Semana Santa, es profundamente simbólico y teológicamente muy rico. La escena ocurre en Betania, pocos días antes de la Pasión, y en ella aparecen tres actitudes humanas frente a Cristo que la tradición espiritual y también Santo Tomás de Aquino interpretan como modelos del alma ante Dios.
En la escena hay una cena, Lázaro está vivo —lo que ya es un signo del poder de Cristo sobre la muerte—, Marta sirve y María unge los pies de Jesús con perfume muy caro y los seca con sus cabellos. Este gesto no es simplemente un acto de afecto, sino un acto de adoración, de humildad y de entrega total. En la espiritualidad católica, María de Betania representa el alma contemplativa que reconoce la dignidad de Cristo y no calcula, no mide, no se guarda nada, sino que se entrega completamente.
Santo Tomás explica que cuando el amor es verdadero, no calcula el precio. Por eso el perfume caro representa el amor que no es utilitario. El amor verdadero a Dios no pregunta cuánto cuesta, sino que se alegra de poder darlo todo. El gesto de derramar el perfume significa que el amor verdadero no se guarda, se derrama.
El hecho de que se unjan los pies también tiene un significado espiritual profundo: los pies representan la humanidad de Cristo, su encarnación, su cercanía al hombre. Secarlos con el cabello era un gesto de humillación voluntaria, porque el cabello era considerado la gloria de la mujer. Es decir, María pone su gloria a los pies de Cristo. En términos espirituales, esto significa que la verdadera humildad consiste en poner lo que uno es, lo que uno tiene, y hasta su propia dignidad, al servicio de Dios.
Luego aparece la figura de Judas, que critica el gesto diciendo que el perfume podría haberse vendido y dado a los pobres. Pero el Evangelio deja claro que no lo dice por amor a los pobres, sino porque era ladrón. Aquí Santo Tomás hace una observación muy profunda: muchas veces el mal se disfraza de bien. Judas no dice algo aparentemente malo; dice algo aparentemente razonable y caritativo. Pero su intención no es el bien, sino el dinero. Esto enseña que en la vida moral no solo importa lo que se hace, sino la intención con la que se hace.
Este contraste entre María y Judas es muy importante espiritualmente: María da sin calcular, Judas calcula sin amar; María entrega algo valioso, Judas vende lo que es invaluable; María se humilla, Judas se endurece; María ama a Cristo, Judas usa a Cristo.
Aquí aparece una enseñanza muy profunda para la Semana Santa: hay dos formas de relacionarse con Dios, amarlo o usarlo.
El Evangelio también menciona que los sumos sacerdotes quieren matar a Lázaro porque su resurrección hace que muchos crean en Jesús. Esto muestra algo muy fuerte teológicamente: cuando el corazón se endurece, el hombre no solo rechaza la verdad, sino que quiere eliminar las pruebas de la verdad. No quieren negar el milagro; quieren eliminar al milagro viviente.
Santo Tomás diría que esto es efecto del pecado de soberbia y de envidia, pecados espirituales que llevan al hombre a odiar el bien cuando ese bien amenaza su poder o su orgullo.
En el contexto del Lunes de Semana Santa, este pasaje tiene un significado muy claro: estamos entrando en la Pasión y el Evangelio nos pone delante tres actitudes humanas: Marta, que sirve; María, que ama y adora; Judas, que calcula y traiciona. Y estas tres actitudes existen también en la vida espiritual. Pero la Iglesia, al poner este Evangelio al inicio de la Semana Santa, quiere que el cristiano se identifique sobre todo con María: dar lo mejor a Cristo, humillarse ante Él, amarlo sin medida, antes de que llegue la hora de la Cruz.
Porque hay una idea muy profunda en este pasaje: María unge a Cristo antes de su muerte. Es como si el amor se adelantara al sufrimiento. Como si Dios permitiera ese gesto para mostrar que la Pasión no es solo dolor y traición, sino también amor, gratitud y entrega.
La enseñanza espiritual final de este texto, según la tradición católica y el pensamiento de Santo Tomás, podría resumirse así: el mundo siempre tendrá personas como María y personas como Judas. Unos derraman perfume; otros cuentan monedas. Unos se entregan; otros calculan. Unos aman a Cristo; otros lo usan. Y cada hombre, en el fondo, termina pareciéndose a aquello que ama: si ama a Dios, se eleva; si ama el dinero o el poder, se vende a sí mismo.
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