Mes de Maria – Dia 7
De la anunciación de la Virgen Santísima
- ° Prodigio del amor de Dios en este misterio.
- ° Anonadamiento del Verbo.
- ° Gloria de María.

La preparación como en la pág. 21
PUNTO I. Consideremos, cristianos, el amor incomprensible, la bondad, la misericordia y la sabiduría infinita de Dios, que decidió salvar al mundo de una manera tan sorprendente como la Encarnación de la Palabra eterna. Entendamos lo terrible que es el pecado, por el cual ha querido rescatarnos, cuando ha sido necesario aplicar un remedio tan extraordinario para sanarlo. Bendigamos a Dios por su misericordia y demos mil gracias por haber elegido a María para dar a luz a nuestro adorable Salvador. También saludemos a esta Virgen bendita junto con el ángel y mostremos todo el respeto que le corresponde como Madre de Dios.
PUNTO II. Vamos a pensar en la humillación y en la incomprehensible degradación de un Dios que se convirtió en hombre en el vientre de la Virgen. Aquel que es incapaz de sentir dolor, inmortal, todopoderoso, infinitamente grande, al mismo tiempo experimenta dolor y muerte. El ser eterno se convierte en un niño; el Creador se convierte en criatura; y todo esto para reparar con su humillación los ultrajes hechos a Dios por el pecado, y para enseñarnos humildad con su ejemplo. ¿Entonces, cómo se atreve el hombre, este insignificante gusano terrenal, a enorgullecerse al ver a un Dios humillado? ¡Oh divina María! ¿Cuáles fueron tus sentimientos al presenciar la extraordinaria degradación de tu Hijo? Enséñanos, entonces, a humillarnos como lo hiciste tú en su presencia.
PUNTO III. En este punto, consideremos la gran importancia de María en este misterio. Ella es la verdadera y legítima madre de Dios, y debido a esta extraordinaria cualidad, está por encima de todos los ángeles y seres humanos. Dios, con Su poder ilimitado, no puede elevar a ninguna otra criatura pura a una posición más importante. No puede crear una madre mejor que la Madre de Dios, como afirmó un santo Padre. Celebremos, por lo tanto, junto a esta asombrosa madre, las maravillas que Dios ha realizado en ella. Postrémonos a sus pies para rendirle el respeto que se merece, renovando nuestra devoción y poniéndonos una vez más bajo su santa protección.
La oracion para despues de la meditación pág. 25 y luego
la siguiente:
ORACION
¡Querida Virgen, eres la más especial elegida por el Señor para la dignidad más alta! Me siento avergonzado de estar frente a ti, yo, que soy pecador. Aun así, quiero honrarte con el Enviado celestial. Te saludo, llena de gracia; por favor, enriquece mi pobreza con tu plenitud y generosidad. Que el Señor esté contigo, y que también esté conmigo por Su misericordia. Que Él reine en mi corazón por Su amor, y que me permita reinar contigo en el cielo por toda la eternidad. Amén.
EJEMPLO
Bondad de la Santísima Virgen para con un esclavo moro.
Un gentil hombre de Nápoles, ferviente devoto de María, había fijado en el lugar más retirado de su casa una imagen de aquella buena Señora, a la que se complacía en honrar con un culto especial. Un esclavo moro, que por espacio de muchos años venía empleado en su servicio, habiendo contemplado dicha imagen, la encontró extremadamente bella, y se resolvió a rendirle sus homenajes. A este efecto, destinó una parte de sus economías para subvenir al gasto que ocasionaba una lámpara, que hacía arder delante de la santa imagen todos los días desde la puesta del sol hasta rayar del alba. La piadosa práctica del esclavo llamó vivamente la atención de su amo y demás sirvientes; surgiendo con este motivo algunas preguntas que obligaron al esclavo a contestar a sus interlocutores, diciéndoles: «Esta imagen me place en extremo, la hallo inponderable en hermosura, hallo en Ella mis delicias y me congratulo de corazón al ofrecerle mis pequeños servicios, considerando lo que Ella representa seguro que me ha de asistir en todas mis necesidades.» Poco tardó en enterarse toda la ciudad de la singular devoción del esclavo hacia la augusta Madre de Dios. Un Padre de la Compañía de Jesús se resolvió a hablarle, para inducirle a abrazar la religión cristiana. Lleno de confianza, le visitó y le habló de Jesucristo, de las delicias celestiales, pero no pudo decidirle a hacerse católico, obteniendo solamente que continuara haciendo su corte y rindiendo sus homenajes a la santa imagen que llamaba su atención. El Padre jesuita se fue, sin embargo, esperanzado en que la Virgen, por recompensar la piadosa práctica del esclavo, le concedería la gracia de la conversión. En efecto, esta no se hizo esperar: una noche, mientras el esclavo estaba profundamente dormido, fue despertado de repente por la dulce voz de una venerable Señora, que se presentó a los pies de su cama. Muy contento, a la par que sorprendido, con tal visita, le preguntó quién era, qué quería, y cómo había podido hacer para entrar en su aposento, estando las puertas cerradas. «Yo soy», respondió la Señora, «María, Madre de Dios, aquella a quien tú rindes tanto honor todos los días haciendo arder una lámpara delante de mi imagen; este que ves conmigo es José, mi casto esposo. Nosotros hemos entrado estando todas las puertas cerradas, para mostrarte que yo soy la Reina de cielo y tierra, y para decirte que te hagas cristiano, y tomes en el bautismo el nombre de José.»
El esclavo comprendió el favor grande que le dispensaba María dignándose visitarle, y después de haberle manifestado con sencilla humildad la gratitud de su corazón, le dijo: «Yo os suplico, encarecidamente, Señora, me ordenéis cualquier otra cosa, que estoy presto a obedecerla por difícil que sea, pero no puedo resolverme a hacerme cristiano,» Mas le habló tan dulcemente la celestial Reina y le hizo tan vivas instancias, que obtuvo la formal promesa de rendirse a sus deseos y de llevar en el bautismo el nombre de José. Solo objetó el esclavo la desconfianza que tenía en su memoria para aprender las largas súplicas con que los cristianos honraban a Dios, pero la santa Virgen le animó abriendo su corazón a la más dulce esperanza, aconsejándole que se dirigiese a aquel religioso que le había exhortado a convertirse. Antes de que desapareciera la celestial Reina, el esclavo le suplicó que le prometiera volver a visitarlo y consolarlo en sus tristes aflicciones: lo que le prometió la Madre de Dios, desapareciendo después.
El dichoso esclavo, lleno de espiritual consolación, fue a enterar al Padre jesuita de todo cuanto le había sucedido. Desde aquel momento se dedicó al negocio exclusivo de su conversión, y cuando estuvo suficientemente instruido, recibió el santo bautismo lleno de sentimiento religioso y de inponderable «dicha», tomando el nombre de José. Pocos días después, lleno de tristeza motivada por ciertos asuntos domésticos, José recurrió a la Madre de Dios y, levantando sus llorosos ojos al cielo, dijo: «Os hago presente, mi buena Madre, que necesito de vuestros consuelos en el extremo de aflicción a que he llegado.» Al mismo instante, se le apareció la santísima Virgen, y cumpliendo su promesa, le dejó consolado con estas palabras: «José, sufre con paciencia.»
El ejemplo que antecede nos atestigua, una vez más, que nunca queda sin efecto la devoción a la Reina de los cielos. Si incluso aquel que la saluda sin conocerla se ve colmado de abundantes auxilios y favores, ¿qué esperanza no hemos de tener todos los que, por efecto de la gracia, reconocemos en ella el caudal seguro de beneficios, gracias y bendiciones? No cesaremos de repetir la necesidad que tenemos de recurrir a tan excelsa Reina en todas las necesidades de la vida si queremos experimentar los dulces consuelos con que enriquece a los que son sus verdaderos hijos.
PRACTICA
Postraos á los piés de la Virgen Santísima, y pedidle con fervor la conversión de los pecadores.
JACULATORIA
Vita, dulcedo et spes nostra, salve
Yo os saludo, oh María, vida, dulzura y esperanza nuestra
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