11 de marzo
Isaías 55:10-11 Salmos 34:4-7, 16-19 Mateo 6:7-15
Padre Nuestro
“…así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé” (Isaías 55:11).
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Este relato, parte del Sermón de la Montaña, es fundamental en la tradición católica para entender cómo orar y vivir la fe.
el texto de Mateo 6:7-15 dice (citando de la Biblia de Jerusalén):
- «Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
- No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis.
- Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre,
- venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
- Danos hoy nuestro pan de cada día,
- perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
- no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
- Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
- pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.»
La sencillez en la oración
Jesús enseña que la oración no debe ser un ejercicio de vanidad o repetición vacía, como hacían algunos paganos de la época que creían que la cantidad de palabras impresionaría a sus dioses. Desde la perspectiva católica, esto subraya la importancia de la intención del corazón sobre las meras fórmulas. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 2707) nos anima a orar con confianza filial, sabiendo que Dios, como Padre, ya conoce nuestras necesidades. Esto no significa evitar repeticiones (como el Rosario, que es meditativo), sino que la oración debe ser sincera y no mecánica.
El Padrenuestro
El Padrenuestro es la oración por excelencia en el catolicismo, dada directamente por Jesús. La Iglesia la considera un resumen del Evangelio (CIC 2761). Analicemos sus partes desde esta óptica:
- «Padre nuestro que estás en los cielos»: Reconocemos a Dios como Padre, un vínculo íntimo que nos une como hermanos en la familia de la Iglesia. El «cielo» apunta a su trascendencia, pero su paternidad lo hace cercano.
- «Santificado sea tu Nombre»: Pedimos que Dios sea glorificado, una súplica por la santidad universal y el reconocimiento de su soberanía.
- «Venga tu Reino»: Oramos por el establecimiento pleno del Reino de Dios, que en la enseñanza católica incluye tanto el reinado espiritual en nuestros corazones como la segunda venida de Cristo.
- «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo»: Nos sometemos humildemente a la voluntad divina, un eco de la obediencia de María («Hágase en mí según tu palabra», Lc 1:38).
- «Danos hoy nuestro pan de cada día»: En la tradición católica, esto tiene un doble sentido: el pan material para la subsistencia y el «Pan de Vida», la Eucaristía (CIC 2837), que es central en la liturgia.
- «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos»: El perdón es una condición para recibir la misericordia de Dios, un tema recurrente en la catequesis católica sobre la reconciliación (CIC 2838-2845).
- «No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal»: Pedimos la gracia de resistir el pecado y la protección contra el Maligno. La versión católica tradicional usa «no nos dejes caer» (en lugar de «no nos induzcas»), enfatizando la ayuda divina frente a nuestra debilidad.
El perdón como condición
Jesús refuerza que el perdón que ofrecemos a otros está intrínsecamente ligado al que recibimos de Dios. En la doctrina católica, esto se conecta con el sacramento de la Reconciliación: no podemos acercarnos a Dios con un corazón endurecido hacia los demás. El Papa Francisco ha enfatizado esto al hablar de la misericordia como el corazón del Evangelio.
Reflexión Final
Este pasaje nos invita a una oración confiada, humilde y comunitaria, reflejada en el «nuestro» del Padrenuestro. La Iglesia lo reza en cada Misa, destacando su rol central en la liturgia. Además, nos llama a vivir coherentemente: no basta con recitarlo, sino que debemos encarnar sus peticiones, especialmente el perdón y la búsqueda de la voluntad divina.
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