#fantasmas #izack4x4
Relato ecuatoriano de un misterio andino
En las montañas del Azuay, donde la neblina parece abrazar los caminos y las quebradas murmuran como almas en pena, existía una vieja escuela rural hecha de adobe y tejas rojas. Se levantaba sobre una pequeña loma, entre maizales y eucaliptos que silbaban con el viento. Allí vivía el profesor Santiago, hombre de fe y palabra serena, junto con algunos de sus alumnos que, por la distancia de sus casas, dormían en la misma escuela.
Aquella noche, la oscuridad había caído más densa que nunca. La lluvia menuda golpeaba los cristales y un relámpago iluminó fugazmente los cerros de aquella parte de la villa de Girón, dejando ver la silueta de las nubes bajas, como sombras al acecho. Los niños ya se habían acostado, envueltos en sus cobijas de lana, cuando un ruido extraño comenzó a sentirse afuera: un silbido profundo, irregular, que parecía girar en torno a la escuela.
Primero creyeron que era el viento bajando del cerro, pero pronto comprendieron que no era un viento común. Era como si algo respirara alrededor de las paredes, como si una fuerza invisible buscara una entrada. Los perros del corral ladraban desesperados, las gallinas se agitaban en la oscuridad, el gato estaba incómodo y el viejo caballo relinchaba con los ojos encendidos de espanto.
De repente, un golpe estremeció la puerta. Luego otro, más fuerte. Y otro. Hasta que, con un crujido seco, la madera se abrió de par en par, lanzando dentro una ráfaga gélida que apagó las pocas velas que iluminaban con una tenue luz. Los niños gritaron. Santiago, con el corazón palpitando, los reunió junto a él y empujó la puerta hasta cerrarla nuevamente, trabándola con una banca.
—¡A rezar, muchachos! —ordenó, con voz temblorosa.
Los niños se arrodillaron y comenzaron el rosario. Dios te salve, María… se escuchaba entre sollozos. A cada Ave María, el viento parecía debilitarse, como si una presencia oscura retrocediera poco a poco ante la oración. Cuando llegaron al Gloria Patri, un silencio pesado cubrió la escuela. Afuera, solo se oía el goteo de la lluvia sobre el tejado.
Esa noche, nadie volvió a hablar. Los niños, agotados por el miedo, se durmieron cerca del fuego. Don Fermín permaneció despierto, vigilando, con el rosario entre los dedos.
Al amanecer, cuando el sol tímido asomó entre las montañas, salieron al patio. Los árboles cercanos estaban desgarrados, con ramas partidas como si hubieran sido golpeadas por una fuerza brutal. Las plantas del huerto estaban aplastadas, y los animales —aún nerviosos— se negaban a salir de sus corrales.
Nadie supo nunca qué había pasado esa noche. Algunos viejos del lugar decían que en esos cerros habitaba un espíritu errante, un viento antiguo que se despierta cuando las almas olvidadas del páramo buscan compañía entre los vivos.
Desde entonces, cada vez que una tormenta se cierne sobre aquel caserío de Girón y el viento sopla en círculos alrededor de las casas, los mayores aún aconsejan:
—Reza, hijo… reza antes de dormir, que no todo lo que sopla en el viento viene del cielo.
- La Puerta Que Late en la Noche

- La Resurrección de Mary

- La Luz Perdida

- Una Noche sin final

- La Senda de los Caminantes Eternos

- 𝘌𝘭 𝘓𝘢𝘵𝘪𝘥𝘰 𝘖𝘤𝘶𝘭𝘵𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘈𝘳𝘳𝘰𝘺𝘰

abril Adviento Agosto Alquimia Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre Ecuador educación enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio junio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes pintura Poema Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Un comentario sobre “El viento de la noche en la escuela rural”