7 de marzo
santas Perpetua y Felicidad
Isaías 58:1-9 Salmos 51:3-6, 18-19 Mateo 9:14-15
La Alegria de la Presencia de Jesús
“No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas” (Isaías 58:4).
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En el Evangelio según San Mateo, capítulo 9, versículos 14 y 15, nos encontramos con un momento en el que los discípulos de Juan el Bautista se acercan a Jesús con una pregunta que refleja tanto curiosidad como cierta perplejidad: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho, pero tus discípulos no ayunan?». La respuesta de Jesús, como es habitual en Él, trasciende la mera observación superficial y nos invita a contemplar una verdad más profunda: «¿Acaso pueden estar tristes los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Pero llegarán días en que les será arrebatado el esposo, y entonces ayunarán».
Desde la fe católica, este pasaje resuena con una riqueza teológica que nos habla del misterio de Cristo como el Esposo de la Iglesia. Jesús se presenta aquí no solo como maestro o profeta, sino como el Bridegroom, el Esposo divino cuya presencia transforma la vida de quienes lo rodean. En este contexto, el ayuno, una práctica tradicional de penitencia y preparación en el judaísmo, adquiere un nuevo significado. Mientras Jesús está físicamente presente entre sus discípulos, no hay lugar para la tristeza ni para el ayuno, porque Él es la fuente de la alegría, la plenitud de la promesa mesiánica hecha carne. Su presencia es una boda, un banquete de comunión y gozo, como lo celebra la Iglesia en la Eucaristía, que anticipa las bodas del Cordero descritas en el Apocalipsis.
Sin embargo, Jesús también señala un futuro: «Llegarán días en que les será arrebatado el esposo». Estas palabras, desde nuestra mirada católica, apuntan claramente a su Pasión y muerte en la cruz, el momento en que el Esposo entrega su vida por amor a su Esposa, la Iglesia. Es entonces cuando el ayuno cobra sentido, no como un fin en sí mismo, sino como una expresión de anhelo y espera por su regreso glorioso. En la tradición católica, esta enseñanza se refleja en las prácticas de Cuaresma y otros tiempos de penitencia, donde el ayuno nos une al sufrimiento de Cristo y nos prepara para la alegría de la Resurrección.
Así, Mateo 9:14-15 nos invita a vivir en la tensión fecunda entre la presencia y la ausencia del Esposo. Hoy, como católicos, experimentamos a Cristo vivo en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, pero también aguardamos su segunda venida con corazones vigilantes. El ayuno, entonces, no es solo un acto de disciplina, sino un recordatorio de que, aunque el Esposo está con nosotros espiritualmente, aún no hemos alcanzado la plenitud de la boda eterna. Este pasaje nos llama a la alegría de saber que Él camina entre nosotros y, al mismo tiempo, a la esperanza humilde de quienes aguardan su retorno.
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