El Fin de la Ley: Jesús y la Continuidad de la Revelación

26 de marzo

Deuteronomio 4:1, 5-9 Salmos 147:12-13, 15-16, 19-20 Mateo 5:17-19

El Fin de la Ley

“¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?” (Deuteronomio 4:7-8)

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Mateo 5:17-19 es un pasaje fundamental en el Evangelio donde Jesús aclara su relación con la Ley de Moisés y su propósito como Mesías. Dice así: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles cumplimiento. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última jota o tilde de la Ley. Por tanto, quien quebrante uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el menor en el Reino de los cielos; pero quien los cumpla y los enseñe, ese será grande en el Reino de los cielos” .

Este texto refleja la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, mostrando que Jesús no rechaza la Ley mosaica, sino que la perfecciona y la lleva a su plenitud. La Iglesia enseña que Cristo es el cumplimiento de las promesas de Dios, como se expresa en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 577-582), donde se subraya que Jesús no vino a destruir la Ley, sino a revelarla en su sentido más profundo: el amor a Dios y al prójimo. La Ley, en su esencia moral —como los Diez Mandamientos—, sigue siendo válida, pero ahora se vive en el espíritu de las Bienaventuranzas y la gracia del Nuevo Pacto.

El pasaje también enfatiza la seriedad de obedecer y enseñar los mandamientos. Esto resuena con la misión de la Iglesia de custodiar la verdad revelada y transmitirla fielmente. El Concilio Vaticano II, en Dei Verbum (n. 7), reafirma que la Revelación divina, completada en Cristo, debe ser preservada y proclamada íntegramente. Quebrantar incluso “uno de estos mandamientos más pequeños” implica un rechazo a la voluntad de Dios, mientras que cumplirlos y enseñarlos es un reflejo de la santidad a la que estamos llamados.

Además, este texto nos invita a una coherencia interior: no basta con seguir la Ley externamente, como hacían algunos fariseos, sino que Jesús la interioriza, llevándola al corazón. En el Sermón de la Montaña, del que forma parte este pasaje, Él amplía su significado, como vemos más adelante con el adulterio (Mt 5:27-28) o el amor a los enemigos (Mt 5:43-44). Así, la Ley no es una carga, sino una guía hacia la libertad verdadera en Cristo, quien, como dice San Pablo, es “el fin de la Ley” (Rom 10:4), no en el sentido de terminarla, sino de ser su meta y perfección.

Para terminar, Mateo 5:17-19 nos muestra a un Salvador que respeta y ennoblece lo que Dios había dado a su pueblo, elevándolo a una dimensión nueva y eterna. Para el católico, este pasaje es un llamado a vivir la Ley del amor con fidelidad, confiando en la gracia de Cristo para alcanzar la grandeza del Reino de los cielos.

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