Cristo y la Elección de los Apóstoles: Un Modelo de Fe

Septiembre 9, 2025

Colosenses 2, 6-15 Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11 Lucas 6, 12-19

Memoria de san Pedro Claver, presbítero

El Señor es bueno con todos

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En el Evangelio de san Lucas se nos presenta a Cristo retirándose al monte para orar toda la noche antes de elegir a los Doce. Este gesto revela, en primer lugar, la primacía absoluta de la oración en la vida del Señor y de la Iglesia. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, se pone en relación con el Padre antes de realizar una de las decisiones más trascendentales para la historia de la salvación: constituir a los Apóstoles como fundamento visible de su Iglesia. La tradición católica ve en este pasaje la raíz sacramental del ministerio apostólico y episcopal, pues aquellos que Cristo eligió se convierten en las columnas sobre las que se edifica la comunidad de los creyentes.

Santo Tomás de Aquino, al reflexionar sobre la vida de Cristo en la Suma Teológica (III, q. 21), señala que el Señor ora no por necesidad personal —pues está unido al Padre de manera perfecta— sino para enseñarnos el modo recto de obrar. Cristo actúa pedagógicamente: al orar antes de cada decisión importante, nos muestra que toda misión en la Iglesia debe nacer de la contemplación y la súplica confiada. El Aquinate explica que la oración de Cristo es eficaz no sólo como ejemplo, sino como causa, pues de ella brota la gracia que sostiene a la Iglesia en su misión.

Cuando Jesús desciende con los Doce y se encuentra con la multitud, san Lucas destaca que “todos querían tocarlo, porque de él salía una fuerza que sanaba a todos”. Aquí aparece la dimensión pastoral de su obra: después de la contemplación en lo alto del monte, sigue el ministerio activo en medio del pueblo. Santo Tomás, en su comentario al Evangelio de san Juan (Super Ioannem), insiste en que en Cristo no hay división entre contemplación y acción: en Él se unen perfectamente, y en Él se nos propone el modelo del contemplata aliis tradere, es decir, transmitir a otros lo que se ha contemplado.

Este pasaje, leído a la luz de la doctrina católica, también manifiesta la eclesiología de comunión. La Iglesia nace de la elección gratuita de Cristo, y está sostenida por la oración y por la gracia que emana de Él. Los Doce representan no una élite humana, sino instrumentos escogidos para la misión. Santo Tomás recuerda que Dios no elige a los más sabios o poderosos según la carne, sino a quienes, por su debilidad, muestran más claramente que la eficacia viene de la gracia (cf. Suma contra los gentiles, III, 160).

Así, Lucas 6,12-19 nos invita a dos actitudes fundamentales:

  1. La primacía de la oración: ninguna obra apostólica o decisión eclesial puede desligarse de la súplica humilde a Dios.
  2. La unión de contemplación y acción: del encuentro con el Padre en lo secreto brota la fuerza para sanar, enseñar y acompañar al pueblo de Dios.

En definitiva, la escena del monte y la multitud nos muestra el corazón mismo de la vida cristiana: ser llamados a la intimidad con Cristo para, desde allí, participar en su misión salvadora.

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