Cómo Vender Todo y Seguir a Jesús: Reflexión Espiritual

3 de marzo

santa Catalina Drexel

Eclesiástico 17:19-24 Salmos 32:1-2, 5-7 Marcos 10:17-27

Vende todo y Ven

«Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes» (Marcos 10:22).

#Marzo #LecturadelDía

Un hombre joven, lleno de inquietud y esperanza, corrió hacia Jesús mientras este emprendía su camino. Se arrodilló ante Él y, con un tono que mezclaba respeto y urgencia, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para ganar la vida eterna?». Jesús, con calma, le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios lo es de verdad». Luego, como quien pone un mapa en las manos de un viajero, le señaló los mandamientos: no matar, no adulterar, no robar, no mentir, no defraudar, honrar a padre y madre. El joven, con una seguridad que rayaba en la satisfacción, dijo: «Todo eso lo he guardado desde pequeño».

Jesús lo miró entonces con una ternura que iba más allá de las palabras, un amor que veía el potencial escondido en aquel hombre. «Te falta algo», le dijo suavemente. «Vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero esas palabras, que podrían haber sido alas para volar hacia una vida nueva, se convirtieron en un peso insoportable para el joven. Sus riquezas eran demasiadas, y su corazón estaba atado a ellas. Con el rostro sombrío, dio media vuelta y se alejó, dejando tras de sí el eco de una oportunidad perdida.

Jesús, girándose hacia sus discípulos, dijo con solemnidad: «¡Qué difícil es para los ricos entrar en el Reino de Dios!». Ellos se miraron, desconcertados, porque creían que la riqueza era signo de favor divino. Pero Jesús continuó: «Hijos, es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja que un rico llegue al Reino». Los discípulos, con el asombro pintado en sus rostros, se preguntaron entre murmullos: «¿Quién puede salvarse entonces?». Y Jesús, con una mirada serena y confiada, respondió: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es posible».

En la enseñanza católica, esta escena nos muestra que la vida eterna empieza con los mandamientos, esas reglas que Dios nos dio como faros en la noche. Pero Jesús nos pide más: nos llama a soltar lo que nos retiene, ya sean bienes materiales o apegos del alma, y a seguirlo con un corazón abierto y generoso hacia los necesitados. No es que el dinero sea malo, sino que idolatrarlo nos ciega al verdadero tesoro. Y cuando sentimos que el camino es demasiado duro, que no podemos solos, Jesús nos asegura que la gracia de Dios obra lo que nuestras fuerzas no alcanzan. Este relato es un canto a la libertad del desapego, a la alegría de dar y a la confianza en un Dios para quien no hay imposibles.

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