28 de marzo
Oseas 14:2-10 Salmos 81:6-11, 14, 17 Marcos 12:28-34
No Estás Lejos del Reino
“Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente” (Os 14:5).
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El pasaje de Marcos 12:28-34 nos presenta un momento sublime en la misión de Jesús, donde un escriba, movido por una genuina inquietud, le pregunta cuál es el mandamiento más importante de todos. La respuesta de Jesús, profundamente arraigada en la tradición judía y elevada por su enseñanza, resuena con una claridad que trasciende los siglos y se alinea perfectamente con la doctrina católica: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Dt 6:5), y en segundo lugar, «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lev 19:18). En estas palabras, Cristo no solo resume la Ley y los Profetas, sino que establece el fundamento de la vida cristiana.
Este «doble mandamiento» del amor es la esencia del Evangelio. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2055) subraya que estos dos preceptos son inseparables, pues el amor a Dios se manifiesta y se concreta en el amor al prójimo. San Juan de la Cruz, gran místico y doctor de la Iglesia, lo expresó bellamente: «En el atardecer de la vida, seremos juzgados por el amor». Amar a Dios con todo nuestro ser implica una entrega total, una adoración que no se limita a palabras o ritos, sino que se vive en la obediencia y la confianza absoluta en su voluntad. A su vez, el amor al prójimo, reflejo del amor divino, nos llama a ver en cada persona la imagen de Dios (Gn 1:27), tratándola con la dignidad y caridad que merece.
El escriba, al reconocer la sabiduría de Jesús y afirmar que este amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios, muestra una apertura al espíritu de la Ley que va más allá de su cumplimiento formal. Jesús, al decirle «No estás lejos del reino de Dios», lo invita a dar un paso más: no solo comprender, sino vivir plenamente este amor. Para la doctrina católica, este pasaje nos recuerda que la fe sin obras es estéril (Sant 2:17); el amor a Dios debe traducirse en actos concretos de misericordia y justicia hacia los demás.
Así, Marcos 12:28-34 nos interpela hoy como un espejo de nuestra vida cristiana. ¿Amamos a Dios con todo nuestro ser, o reservamos espacios para ídolos modernos como el egoísmo o la indiferencia? ¿Amamos al prójimo, incluso al que nos cuesta, como a nosotros mismos? La enseñanza de Cristo, en su simplicidad y profundidad, nos guía hacia la santidad, que no es otra cosa que el amor perfecto, el camino hacia el corazón del Reino.
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